Ibagué, 8 octubre de 2002
Doctor
Presidente de la República de Colombia
Santafé de Bogotá
Señor presidente:
En la década de los noventas llegó la
más grave crisis económica al agro colombiano: desaparecieron cultivos transitorios
como la soya, el sorgo, el algodón y el maíz, y quedaron en la agonía el café,
el arroz, el banano, la papa, la leche y las hortalizas, situación explicable
por la agudización del viejo sesgo antiagrario de las políticas oficiales, al
reducirse el respaldo estatal a la producción y abrirse el país a las
importaciones agrícolas, golpeando los cultivos transitorios y dejando los
productos de exportación, como el café, el banano y la palma africana,
sometidos a las imposiciones de las grandes transnacionales.
Hoy, 80% por ciento de los pobladores
del campo son pobres y más de 50% viven en la indigencia, según cifras de
Planeación Nacional, sin contar los millares de desplazados que algún día
quieran regresar a sus parcelas. Se cumple así la lapidaria frase del
presidente de Nicaragua: “Es mejor ser vaca en Europa o Japón que campesino
pobre en Latinoamérica” (Portafolio, 4 octubre 2002)
Parecía imposible que a los males
anteriormente mencionados, se les adicionaran otros. Alguien pudo pensar que con el disparate de ingresar Colombia al
ALCA, el gobierno iba a velar para hacernos competitivos, impulsando la
investigación, ciencia y tecnología, bajando o al menos controlando los costos
de los agroquímicos, hoy los más caros de Latinoamérica, condonando la impagable
deuda del agro, y subsidiando a los productores agropecuarios de manera
proporcional a lo que hacen los países desarrollados.
Sin embargo, a pesar de las
afirmaciones del ministro de Agricultura sobre la necesidad de elevar los
aranceles a las importaciones, vemos con gran temor la presión que contra ello
ejercen ciertos personajes de la administración Gaviria, de ingrato recuerdo
por el sufrimiento y la miseria que causaron con sus nefastas políticas en
contra del agro nacional; posan de defensores del consumidor pero están
fletados a los grandes importadores de alimentos; se especializaron en generar
empleo, pero en el extranjero, y en sus discursos para atacar la supuesta
ineficiencia de los productores nacionales, omiten siempre los subsidios por
370 mil millones de dólares que dan los países industrializados a sus
agricultores y ganaderos.
Infortunadamente, señor presidente, hoy
nos salen con una nueva reforma
tributaria que gravaría toda la cadena del agro: fase productiva, proceso
industrial y producto terminado, algunas veces con doble gravamen, como en el
caso de abonos, pesticidas, y otros, sin salvarse siquiera el agua para consumo
de riego. En el arroz, a la cascada tributaria de todo lo afectado por el IVA,
se debe agregar el impuesto al patrimonio que grava nuestras tierras y el
incremento a la renta. Además, la devaluación incrementa los costos de los
insumos, que tuvieron un aumento entre 6% y 8% en agosto, y con todos los
pesticidas importados; esto da un sobrecosto total de más de 300 mil pesos por
hectárea para el productor, a partir de enero de 2003, sin incluir el nuevo
gravamen al arroz blanco.
Lo anterior lleva a menos de cero la
rentabilidad de este cereal, impacto que no soporta el único cultivo
transitorio de la agricultura mecanizada que sobrevivió a la apertura
económica. Los gravámenes anteriores,
el aumento en el costo de los combustibles y la devaluación, llevan a
incrementos en nuestros costos de producción tres veces por encima de la
inflación, golpeando severamente el empleo rural y la competitividad alcanzada.
No sobra recordar que los cultivos de café, algodón, maíz, papa, banano, caña
panelera y algunas hortalizas ya la perdieron.
Cualquier desprevenido diría que el
campo en Colombia es una actividad muy rentable pues casi no quedó especie
animal o vegetal, bienes o servicios rurales que no fueran gravados con IVA.
Gallinas, marranos, semillas, café, incluso el tostado, empaques, herramientas
de mano, guadañadoras, equipos de ordeño, fumigación aérea o terrestre, abonos,
plaguicidas y materias primas con las que se producen, el riego y la
recolección mecanizada de cosechas, la preparación del suelo y su limpieza, el
desmote de algodón, la trilla, secamiento y almacenamiento, el arrendamiento de
tierras, la asistencia técnica, los tractores, etc.
Este proyecto de Reforma Tributaria
debe unir en la exigencia de que sea retirado del Congreso de la República; y
que se presente uno que conceda estímulos y subsidios no solamente al arroz,
sino a toda la producción nacional; es decir, la rectificación del modelo
económico, para reactivar la demanda y recuperar el empleo perdido, y poder
lograr el crecimiento de la economía. De lo anterior se deduce que es imposible
pretender que Colombia se integre al Área del Libre Comercio de las Américas,
ALCA, sin perjudicar los sectores más débiles de la economía.
En el Congreso de la
República hay un número importante de parlamentarios que en época electoral
levantaron la bandera de la defensa del sector agropecuario; esperamos que
actúen patrióticamente, llevándole a usted, señor Presidente, nuestra petición
de que sea archivado tan lesivo proyecto de Reforma Tributaria
Atentamente,
FEDERACIÓN DE DISTRITOS DE RIEGO,
FEDERRIEGO
ASOCIACION NACIONAL POR LA SALVACION
AGROPECUARIA
c.c.
-Ministro de Hacienda
-Ministro de Agricultura
-Congresistas
de la República de Colombia