18 de octubre de 2001
Instalación del
Congreso Nacional Agropecuario a cargo de Ángel María Caballero, presidente de
la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, realizado en el auditorio
Lorenzo Botero Jaramillo en Bogotá, con participación de más de 600 delegados
de todo el agro colombiano.
"Lo más
caro para un país
es lo que no es capaz de producir"
Quiero saludar muy especialmente a los congresistas
de la República que nos acompañan, al señor gobernador del departamento del
Tolima, a la Junta Directiva de Salvación Agropecuaria, a todos los
productores, agricultores, campesinos, comunidades indígenas, agremiaciones del
agro colombiano, los representantes de los usuarios de los distritos de riego,
a todos los medios de comunicación que nos han acompañado siempre, y muy especialmente en las jornadas de
Salvación Agropecuaria.
Quiero que hagamos unas reflexiones acerca del Paro
que se inició el 31 de julio, sus causas, efectos y resultados, la validez hoy
más que nunca de nuestros postulados, la respuesta del gobierno y el
crecimiento de nuestra organización en todo el país, buscando siempre compartir
con ustedes, todas la enseñanzas que hemos aprendido en los escasos tres años
que llevamos de existencia.
En el transcurso del Paro, los siete puntos de
Salvación Agropecuaria no fueron negociados con el gobierno nacional, ni éste
nos llamó a hablar de ellos. De parte del gobierno y de sus lacayos, como la
Sociedad de Agricultores de Colombia, cuya sigla fue bautizada por la
Asociación Agropecuaria del Huila como:
"Sociedad de Arrodillados de Colombia", la cual llenó de
improperios a los dirigentes de Salvación Agropecuaria, diciéndonos en el
periódico El Tiempo de hoy (18 de
octubre de 2001), que no somos dignos de reunirnos con ellos porque bloqueamos
las carreteras. Al contrario, creemos
que si actuamos de esta forma es porque el agro está en crisis y uno de los
grandes culpables es precisamente la SAC, porque en lugar de estar organizando
y movilizando a los agricultores para reclamar sus derechos, ha venido
participando y colaborando en todos los escenarios donde se fijan las políticas
y se toman las decisiones gubernamentales de los últimos 10 años; y además, ha
permitido que de gobierno en gobierno se vaya deprimiendo cada vez más el campo
colombiano, siendo cómplice silencioso de las multinacionales que producen y
comercializan insumos y cosechas a
precios ruinosos para nuestros agricultores, lo mismo que de las importaciones
masivas de alimentos que extinguieron el agro en la última década. Hoy lo
decimos públicamente, porque nos sentimos ofendidos y nos da dolor de patria,
con el comunicado publicado por el periódico El Tiempo, en donde el presidente de la SAC hace una división entre
campesinos y productores de primera y segunda categoría, anotando que los
nuestros están al margen de la ley: si el gobierno nacional se reúne con los
grupos alzados en armas ¿por qué no dialoga con Salvación Agropecuaria? No
estamos al margen de la ley, somos agricultores que sentimos atropellados
nuestros derechos y luchamos por reivindicarlos en la protesta social.
Una semana antes del paro fuimos llamados al
Ministerio de Agricultura a plantear
nuestros problemas, y la respuesta fue mandarnos a "rezar" por
los cafeteros, y ofrecernos “diálogos” interminables en las ya tristemente
célebres mesas temáticas, con el claro propósito de disolver el paro sin dar
soluciones, cuando los puntos programáticos de Salvación Agropecuaria los
conoce el gobierno nacional desde el 9 de abril de 1999. Lo que sucede es que
ellos no los comparten, por eso no hacen una negociación seria, porque para el
gobierno es imposible negociar las importaciones de alimentos, que tanto han
arruinado a nuestros campesinos; es imposible favorecer la producción nacional
y hacer un control a los costos de los insumos; es imposible hacer la
condonación de las deudas de los cafeteros y de los campesinos en general que
no pueden pagarlas. Ahí están nuestros puntos sobre la mesa; pero estamos
llenos de acuerdos incumplidos con los paperos, los arroceros, los paneleros,
con la Asociación Agropecuaria del Huila, con las comunidades indígenas y con
otras organizaciones regionales que firmaron pactos o acuerdos con el gobierno,
pero que hasta hoy éstos no se han cumplido. A la entrada de la reunión, me decía jocosamente Orlando Fernández, el
presidente de la Asociación Agropecuaria del Huila, que lo único que se cumplió
del pacto firmado entre ellos y el gobierno en el Paro de agosto fue el último
punto, que dice: "En vista de haber acordado todos los puntos anteriores,
el paro se levanta por parte de la
Asociación Agropecuaria del Huila".
Sin embargo, el Paro ha tenido efectos importantes
para nosotros. Uno de los mayores logros es que Salvación Agropecuaria es hoy un
movimiento nacional reconocido y respetado por amplios sectores rurales de
productores, indígenas y comunidades desfavorecidas; como le dijimos al
ministro de Agricultura, que lo único que sigue creciendo en Colombia es
nuestra organización. Es que no hay un solo cultivo que en los últimos 10 años
presente una bonanza duradera o que no haya entrado en crisis. Al
contrario, desde que arrancó la
apertura económica en 1990, no hay sino
desasosiego y desesperanza en nuestros campos.
Para nosotros es un magnífico balance estar hoy aquí
con este gran número de auténticos líderes venidos hasta de los más apartados
rincones del país; estar con esta gran comunidad agrícola e indígena, reunidos
para fijar nuevas tareas y para ratificarle el Norte a nuestra organización. Y
también para analizar qué se ha
solucionado en las comunidades después del paro; porque en la reunión,
el gobierno dijo que sin paro sí atendían los reclamos, entonces queremos saber
qué le han solucionado a los agricultores y a sus comunidades en estos 75 días.
Cuando entrábamos a este gran auditorio, lo que escuchamos es que no se ha
solucionado nada.
Por eso podemos estar seguros que ya tenemos el
principio de una nueva movilización de los campesinos y de los indígenas de
Colombia, porque parece que el gobierno no oye sino en las carreteras, pues no
han rectificado ninguna de las políticas que han sumido en la ruina nuestra
producción agraria: sigue la entrada de arroz importado por el Ecuador y de
contrabando por Urabá, cultivo del cual hacemos una mención especial, porque
gracias a la lucha gremial y a la resistencia civil en la que han participado
los Distritos de Riego, Agameta, Unidad Cafetera, Unidad Panelera, los
cultivadores de papa, y demás agremiaciones de Salvación Agropecuaria, hemos
logrado el control a las importaciones de arroz, el decreto de los genéricos,
los incentivos al almacenamiento para el arroz del Meta, y salvaguardias
arroceras, lo que nos ha permitido sobrevivir en esta arrolladora avalancha
neoliberal. Con la colaboración de Federriego evitamos el IVA para los insumos
en la reforma tributaria del año 2000, lo mismo que un proyecto de Ley para
rebajar el costo de la energía en los Distritos de Riego; también sacamos a la
luz pública como un grave problema del agro, el incremento desmedido en los
costos de los insumos, para aumentar las utilidades de las multinacionales que
los producen.
En la jornada del 31 de julio, el gobierno ofreció
suspender las importaciones de arroz y de papa hasta finales de diciembre y crearles
la cadena a los cultivadores de la papa; lo anterior son pañitos de agua tibia
para disolver la protesta de los paperos, sin ninguna otra solución para los
problemas de este cultivo que se encuentra agobiado por el mercadeo, por los
altos costos de los insumos y el bajo precio del tubérculo. Cabe anotar que los
insumos que inciden en la canasta agrícola de nuestras cosechas, llevan
incrementos del 16% en lo que va corrido del año, y falta el alza de diciembre
que tradicionalmente es del 8% al 10%; es lamentable el silencio del gobierno y
de las Federaciones en materia tan delicada. También persisten las
importaciones de panela por Pacto Andino, que tanto afectan a los productores
nacionales, y la respuesta del gobierno para ellos es que sean competitivos y
se asocien a las cadenas productivas.
De la crisis cafetera ni se diga; los 30 mil pesos
por carga que dio el gobierno nacional y que mucho de ello fue por la protesta
social de Salvación Agropecuaria y Unidad Cafetera, se perdieron con el actual
precio del café, porque los productores están vendiendo en los pueblos a menos
de 250 mil pesos la carga y los comerciantes e intermediarios se están quedando
con buena parte de esa bonificación. Comentan los cafeteros, que los llevan al
cementerio como "entierro de pobre", dicho popular que tienen
los campesinos en las zonas cafeteras. El gobierno nacional, para desestimular
las protestas, como la del 31 de julio, aprueba refinanciaciones a las deudas y subsidios al precio por 300 mil
millones de pesos; lo cual mimetiza el
problema y da un pequeño alivio, pero no es la solución para la crisis
cafetera, ya que los productores se encuentran ahogados por los bajos precios
internacionales del café, y como solución, la Federación ordena destruir la
mitad de los cafetales en Colombia; por lo tanto, dicha refinanciación se
volverá una agonía lenta para nuestros campesinos, porque con rentabilidad
negativa ninguna refinanciación funciona. "La fiebre no se encuentra en
las sábanas"; con cafés vietnamitas a 20 y 30 centavos de dólar la libra,
esto no es solución; ellos seguirán extendiendo sus áreas por la extrema
pobreza en que viven, y los nuestros tendrán que apretarse el cinturón y
aprender a aguantar hambre; hoy por hoy, es el problema mas grave del campo
colombiano, pues allí están los más pobres de los pobres, y las multinacionales
del café, seguirán expandiendo sus tentáculos por todo el mundo.
En el país nadie hablaba de la problemática del
café, esta crisis se destapó por los análisis
de Jorge Enrique Robledo y la protesta social de Unidad Cafetera
encabezada por él, e impulsada por Salvación Agropecuaria: son 550 mil familias
de productores colombianos (80% son agricultores de menos de cinco hectáreas).
El gobierno no plantea solución real para ellos; porque nosotros no aceptamos
que sea respuesta definitiva a la crisis un
subsidio al precio; la verdadera solución es que el gobierno nacional
responda por un precio interno rentable y que intervenga ante los países
desarrollados, de donde son las grandes multinacionales, para que se le de un
precio digno al café y no se sigan arruinando nuestros campesinos; además, si
se quiere una sustitución del 50% del cultivo, el gobierno debería presentar
otras alternativas que sean rentables y no profundizar más la crisis de los
minifundistas cafeteros.
Porque no es como dijo Alfonso López Michelsen:
"que el causante de la crisis del café es Vietnam, porque ellos están
haciendo dumping". Sería para risa si la crisis no fuera causa de tanto
dolor; ¡Por Dios! ¿qué dumping pueden hacer los vietnamitas con salarios de un
dólar al día? Ellos no pueden vender a precios menores que sus costos de
producción, que es lo que configura un dumping. En nuestro país, los
dirigentes, el gobierno y las federaciones, hacen todo lo posible por no tocar
a las multinacionales que mercadean las cosechas en el mundo, lo mismo que a
las que venden los insumos; eso es
pecado mortal, de eso no se puede hablar. Los vietnamitas no son los
culpables de la crisis del café. Los países desarrollados, los más ricos del
orbe, les dieron 10 mil millones de dólares sin intereses y con 10 años de
plazo para que les produjeran café a 20 centavos de dólar la libra, para ellos
venderlo a ocho dólares en los supermercados de estados Unidos y Europa; ese es
el verdadero problema, no son los cultivadores vietnamitas, porque ellos mueren
de hambre como se van a morir nuestros agricultores en Colombia, al no
solucionarse esta crisis.
Queremos ser muy claros. Para Salvación Agropecuaria
el punto de las importaciones de alimentos no es negociable, porque es la
seguridad alimentaria representada en los cultivos transitorios o de corto
plazo, es el derecho que tienen todos los pueblos a producir sus propios
alimentos, es la soberanía nacional, es el alma nuestra y es el sentimiento de
quienes cultivamos la tierra en Colombia. La única negociación posible entre el
gobierno y Salvación Agropecuaria sobre este asunto, es la suspensión de las
importaciones anuales de siete millones de toneladas de alimentos que perfectamente
se pueden producir en Colombia, lo mismo que la recuperación de un millón de
hectareas perdidas por la apertura económica de cultivos transitorios y
permanentes en la década pasada.
Nos gustaría negociar que vuelva a haber trigo,
cebada, soya, algodón y ajonjolí, que hayan precios de sustentación
remunerativos, estables y garantizados por el Estado para los productos del
campo, lo mismo que créditos suficientes, oportunos y baratos; que haya un
arancel real y equivalente a los subsidios que le dan a los agricultores en
aquellos países que exportan sus alimentos a Colombia; que no se importen
anualmente más de dos millones de toneladas de maíz y más de un millón de
trigo, que no se importe papa ni arroz, ni panela ni frutas, ni hortalizas ni
cebada; que haya un verdadero control por parte del Estado en los costos de los
insumos y que se condonen las deudas impagables de los campesinos; esto sí lo
negociaríamos en Salvación Agropecuaria. En los paros, los acuerdos que se dan
son los que les toca firmar a los líderes regionales para presentarle a sus
comunidades. Saben que las exigencias fundamentales son las de Salvación
Agropecuaria, apoyan a Salvación Agropecuaria, pero creen que tienen que
entregarle algún papel firmado a los que protestan en las carreteras, porque
ellos se encuentran desesperados ya que les van a rematar las tierras, están
embargados y no tienen con qué recolectar las cosechas, y necesitan que se les
ofrezca una esperanza. Es que a eso los acostumbró la clase política en
Colombia: ¿Qué me dan? ¿Y yo qué les doy? Tienen que hacer firmar algo para
poder levantar los paros, pues cualquiera sabe que éstos no pueden ser eternos.
Estos son los puntos de Salvación Agropecuaria, son
la filosofía del agro colombiano, y son la enseñanza de cómo funciona el campo
en todos los países del mundo, donde hay agricultura próspera y fecunda. En
estos países funciona muy bien el agro, y desde el principio del siglo pasado
ya producían combinadas para recolectar sus cosechas, tractores a carbón, luego
tractores de gasolina, después tractores diesel, y ya tenían maquinaría pesada;
nosotros un siglo después no somos capaces de producir un tractor, tenemos un
atraso tecnológico de un siglo en maquinaría; los países industrializados
gastan hasta dos puntos de su Producto Interno Bruto en investigación, ciencia
y tecnología, mientras que el Ministerio de Agricultura de Colombia tiene un
presupuesto miserable de sólo 0,01% del Producto Interno Bruto. ¡Y nos piden
que seamos competitivos!.
En Colombia acabaron el Idema y la Caja Agraria;
pretenden eliminar el INAT, el Incora y el INPA (que una de sus funciones es
repoblar de peces los ríos), y todo lo que tenga que ver con el agro lo quieren
desaparecer sin ninguna contraprestación para los campesinos, únicamente nos
dan demagogia barata, porque según ellos no somos sino el 30% de la población
colombiana, y para el Ministerio de Agricultura seguridad alimentaria es
tenerle alimentos importados baratos a los habitantes de la ciudad; los
artículos 64 y 65 de la Constitución Nacional los interpretan a su amaño y en
contra de nuestros agricultores, parecen más de Comercio Exterior que de
Agricultura; como si la guerra no se
hubiera generado en el campo, como si la paz no tuviera que renacer en el
campo; damos todo y no nos dan absolutamente nada; lo único que nos queda son
los desplazados, los golpeados, los muertos en las carreteras por la fuerza
pública en los paros que hacemos, y papeles y más papeles firmados; porque eso
sí, a las multinacionales es imposible tocarlas. Los mismos medios de
comunicación gobiernistas (Portafolio
14 de junio de 2001), traen estadísticas que nos dicen que uno de los mayores
problemas del agro en Colombia son los insumos: pues son el 60% de los costos
de producción en papa, 30% en arroz, 40% en algodón, 42% en frijol, 25% en
maíz, y lo más doloroso de esta historia, es que son producidos o ensamblados
por multinacionales en Cartagena y los venden a mitad de precio en los países
vecinos del Pacto Andino; en encuestas entre los agricultores, el problema de
los insumos le ganó al de la seguridad en el campo; pero de esto no se puede
hablar, a las multinacionales es pecado mortal controlarlas ¿Qué diría G. Bush?
¿Qué diría el Fondo Monetario Internacional? ¿Qué diría el Banco Mundial?.
Los insumos incrementan sus precios a razón del 20%
al 30% anual, factor que con la apertura económica es la principal causa de la
desaparición de los cultivos transitorios, y no hay agricultura que aguante
esto; es un problema grave que nos debe unir a todos los campesinos y
productores, porque estamos agobiados con su carga, pero el gobierno no lo
soluciona. Con el paro agrario en 1999 logramos arrancar el decreto 459 de los
genéricos, que todavía se está reglamentando; las drogas humanas todas tienen
genéricos, pero las multinacionales pelean para que sus patentes sean
prolongadas a través del tiempo y tengamos que comprar productos de marca con
precios muy superiores. La reglamentación de los genéricos permitiría un alivio
importante en los costos de producción del agro colombiano.
En Estados Unidos y Canadá se impuso el control del
precio de la medicina que controla el ántrax o carbunco, cuyo nombre de marca
en el mercado es Cipro (producto patentado de Bayer): se vendía en el mercado a
cinco dólares la unidad y se obligó a la multinacional a venderla en Estados
Unidos a 80 centavos de dólar y en Canadá a US$1.20 la unidad ¡Los
campeones de la globalización le dan ejemplo al mundo, pero sólo para su
población, y cuando tienen tragedias! Mientras tanto superexplotan al resto del
mundo. En Colombia llevamos dos años en esta pelea de los genéricos, pero
cuando no se interpone el Ministerio de Agricultura, es el de Salud, o el de
Comercio Exterior, en beneficio de las multinacionales amparadas por el
gobierno. A nosotros se nos exige producir comida barata con inflación del 8% y
costos de producción incrementados en un 25%; los precios de venta de nuestras
cosechas no pueden subir más del 8% y en la mayoría de los casos decrece, pero
los costos de producción si se elevan en un 25% o más: un desfase anual del 17%
que acaba y marchita cualquier agricultura en el mundo.
Salvación Agropecuaria vela por la defensa del
productor colombiano y por la defensa de los derechos de las comunidades
indígenas; en el departamento del Tolima en el Paro Nacional Agropecuario
participaron, además de los productores y campesinos, las comunidades indígenas
del Tolima, entre ellas, el CRIT y la ACIT, quienes firmaron un acuerdo con el
gobierno nacional, el cual les han cumplido parcialmente. Los indígenas
protestan por las necesidades básicas insatisfechas, como el agua, la luz, la
educación, sus resguardos, sus tradiciones, su mitología, los buenos precios
para sus cosechas y el derecho a la vida de sus comunidades. Salvación Agropecuaria
tiene un punto muy especial para ellos, esperamos oírlos hoy con su ponencia en
este Congreso.
¿Por qué dicen que los productores y campesinos
colombianos no somos competitivos en el agro? Que nuestro campesino es
perezoso, que no es ingenioso y que bota la plata. Y la cháchara oficial
multiplica la propaganda sobre la agricultura y los agricultores extranjeros,
su eficiencia, su gran capacidad de producción, la calidad con que lo hacen,
etc. ¡Pero nada de eso es cierto! Vamos a analizar la certificación de los subsidios que dan a los cultivadores en
los países que exportan sus alimentos a Colombia. Analicemos las siguientes
cifras (Luis Roberto Sanint, en la
publicación del FLAR, Foro Arrocero
Latinoamericano, Vol. 7 No. 1, mayo de 2001): muestra que las pérdidas económicas globales por el proteccionismo agrícola pueden
llegar a los 150 mil millones de dólares, según las estimaciones de la ONU, y
de ese total, unos 20 mil millones corresponden a exportaciones perdidas por
los países en desarrollo, (Koffi Annan, ONU, agosto 28 de 2000). Para el año
2000, los subsidios directos al agro en los 29 países de la OCDE, que son los
más poderosos de la tierra, fueron de 370 mil millones de dólares; aquí está
“la competitividad” amigos, ese es el desfase que tenemos, esto es lo que hay
que pelear en las carreteras: ¡Que a la hora de la verdad nosotros somos
demasiado competitivos! Porque para nuestro trabajo no tenemos ninguna clase de
subsidios. Estos US$370.000 millones, incluyen un alza del 10% desde 1994, cuando
se firmó la Ronda de Uruguay del GATT, donde se prometió que iban a desmontar
los subsidios para hacer la apertura económica y la globalización de la
economía. Lo que hicieron ellos fue aumentarlos en un 10%.
Y vamos a organizar los productores de leche y de
carne en Salvación Agropecuaria. Pues en lo referente a la leche, ésta se llevó
50 mil millones de dólares en subsidios directos, y fue seguida por el arroz y
la carne con 32 mil millones de dólares cada uno. En 1995, los subsidios en
otros sectores de la economía, en esos mismos países, fueron de 80 mil millones
de dólares para la energía. Mientras tanto, en Colombia a nuestros amigos de
los distritos de riego les subieron la energía de 80 a 200 pesos el kilovatio,
lo cual afecta gravemente los costos de funcionamiento de estas empresas. En
los países industrializados les dan subsidios por US$50.000 millones para la
leche, de US$100.000 a US$200.000 millones para transporte; el agua tiene un
subsidio de 50% de su costo, en California los arroceros pagan una tasa de agua
que equivale al 10% del costo de ese insumo. Y hay otra gran cantidad de
subsidios indirectos adicionales para el agro. La FAO reporta que entre 1990 y
1998, las importaciones de alimentos de los países en desarrollo crecieron 46%:
pasaron de US$62.000 millones a US$98.000 millones. Esa es la famosa apertura
económica, y el por qué de su imposición, para desarrollar ellos sus economías, y por ello imponen toda clase
de acuerdos internacionales, como el famoso tratado del ALCA.
El ALCA debe comenzar a regir dentro de tres años, y
será muy grave para los países latinoamericanos en vía de desarrollo como el
nuestro, porque allí estarán Estados Unidos, Canadá, Argentina y Brasil. Los
subsidios de la leche y la carne en Canadá son del 200%, y el arroz en Estados
Unidos tiene subsidios de US$165 en tonelada para el arroz paddy; les pagan
para que siembren y les pagan para que exporten (subsidios fijos y variables);
ese es el arroz que nos está entrando de contrabando por Urabá y también arroz
triangulado por el Ecuador. Eso será el ALCA, tratado de libre comercio en 34
países de América (800 millones de habitantes), una aldea continental de
esclavos manejados por multinacionales, haciéndonos creer que vamos a inundar
el mundo con productos de exportación "Made in Colombia", de bienes
intermedios que generan muy poco valor agregado y un empleo mediocre,
entregando nuestro precario mercado interno con el embeleco del "modelo
exportador", sin reactivación de la demanda interna, lo cual únicamente
favorecerá a los pocos productos no tradicionales de exportación, pero sobre
todo a los grandes industriales, y a cambio de ello perderemos nuestra
seguridad alimentaria e industrial, y el empleo de miles de campesinos,
jornaleros y pequeños industriales.
Voy a leerles ligeramente un reporte sobre otro de
los acuerdos firmados con Estados Unidos, Canadá y México, el tratado del libre
comercio del Nafta. Una experiencia que debemos analizar porque se dice que con
ese tratado México creció 7% el año pasado y que ya este país es una de las
economías más prosperas de América. Pero ¿qué creció? Crecieron el sector
financiero, las multinacionales y el desempleo en el campo. El informe se
titula: "Malestar agrario irrita a
México y desafía al nuevo Presidente". Este es un artículo que se publicó
en la página de Internet de The New York
Times, el 22 de julio de 2001. Entre sus apartes dice: "cinco mil
cultivadores de caña de azúcar convergieron
en la capital de México y bloquearon el acceso a las oficinas gubernamentales,
demandando 420 millones de dólares de los 60 ingenios azucareros de la nación.
Las protestas se tornaron furiosas cuando funcionarios del gobierno anunciaron
que investigarían cargos de corrupción contra uno de los más poderosos
fabricantes de azúcar del país". "Todo el campo mexicano está
convertido en un desastre", dijo Carmelo Balderas (líder agrario),
mientras desyerbaba su joven plantación de caña azucarera en los dos acres de
tierra que posee cerca del ingenio de San Miguelito en Amatlán, en el estado de
Veracruz. "No queda casi ningún lugar en el país donde el pequeño
agricultor pueda vivir dignamente". "Y el problema de México, añadió,
es que cuando los campesinos dejan de comer, todos dejan de comer".
Balderas cuenta que en los años recientes dos de sus cuatro hijos han emigrado
a los Estados Unidos. Al preguntársele la razón, apunta en dirección al ingenio
de San Miguelito, que se inclina en una ladera desde donde se divisa el
poblado. Los propietarios del ingenio aún le adeudan tres mil dólares por la
caña que éste les suministró en la pasada zafra. Sus hijos, como muchos otros
jóvenes del poblado, se cansaron de confiar en los cada vez menores e inseguros
ingresos provenientes de esta actividad. Una sardónica sonrisa se aparece por el
bronceado rostro de Balderas al comparar el desmoronamiento del ingenio con una
pirámide azteca: pronto, dijo, "las ruinas del ingenio serán la única
evidencia de que alguna vez nosotros existimos". Es el mismo recuerdo que
les quedó a los cultivadores de trigo, con las combinadas y con los molinos de
trigo en la sábana cundiboyacense; igual que con la cebada, la historia se
repite con el algodón y el maíz, "porque el que no tiene memoria para
recordar el pasado, estará siempre
condenado a padecerlo".
"Una de las más intensas protestas tuvo lugar
al comienzo de este mes en el estado de Sinaloa. Cultivadores de maíz
bloquearon el acceso a los depósitos de gas para exigirle al gobierno imponer
mayores tarifas arancelarias al maíz importado de los Estados Unidos. En total,
en México hay 3.5 millones de cultivadores de maíz, todos igualmente abrumados
por la caída del 45% en los precios del cereal durante los últimos tres años.
Los agricultores de Sinaloa aducen que las importaciones de maíz de los Estados
Unidos les han impedido vender dos millones 400 mil toneladas. Dichas
importaciones se han incrementado en 14% o más al año desde que arrancó en 1994
el Tratado de Libre Comercio, TLC, el famoso acuerdo del Nafta; entonces ¿qué
nos espera con el ALCA? Que no solamente nos rija la Organización Mundial del
Comercio y el Fondo Monetario Internacional, sino también, el Acuerdo del Libre
Comercio de las Américas.
Con el ALCA no será raro que nos entre café
brasilero robusta, que se cultiva en tierras planas y mecanizadas, y que en el
mundo se mercadea entre 30 y 40 centavos de dólar la libra; mientras el
nuestro, en su mayoría se cultiva con escopeta en las empinadas faldas de la
cordillera, lo cual incrementa todos los costos de producción reduciendo
nuestra competitividad. También pueden
traer cafés centroamericanos para terminar de envilecer el precio de
nuestros cultivadores. Igualmente nos puede llegar arroz, papa, azúcar, maíz, soya y algodón americanos,
cereales argentinos y brasileros, panela ecuatoriana, leche canadiense, ajos
chinos o peruanos, cebolla, tomates y toda clase de hortalizas. La
triangulación de productos de terceros países, estará al orden del día. Ya los
agricultores mexicanos están padeciendo el Nafta. De allí que uno de los
propósitos de Salvación Agropecuaria sea iniciar una lucha decidida y firme
contra el ALCA. Si no logramos defender la producción nacional y desarrollar la
agricultura colombiana de la mano del Estado, menos vamos a poder competir con
el ALCA. Si están desapareciendo todos los apoyos al agro y ni siquiera podemos
competir con el acuerdo del Pacto Andino firmado en contra del agro colombiano
con el Ecuador y con los países vecinos, menos vamos a poder resolver los
problemas que nos presente el ALCA. Los unos nos arruinan con tecnología y
subsidios y los otros nos arruinan con los bajos salarios de seis mil y dos mil
pesos como sucede con el Ecuador y Vietnam respectivamente. Tenemos un dicho:
"Si los campesinos colombianos andan en alpargatas, en adelante tendrán que
andar descalzos para poder ser competitivos".
Son tratados de libre comercio que no consultan las
proyecciones macroeconómicas de los países, ni la tasa de cambio. Y no les
consultan a ustedes. El gobierno nos manipula en tal forma, que nos llena de
arroz ecuatoriano que deprime el precio nacional a cambio de las exportaciones
de azúcar de los grandes industriales del Valle del Cauca. Y únicamente
argumentan que la globalización traerá desarrollo y progreso para estos países
subdesarrollados; por ello, el Plan Colombia nos exige que reemplacemos los
cultivos transitorios (maíz, papa, arroz, sorgo, algodón y otros), por cultivos
tropicales (marañón, palma africana, caucho, borojó, pitalla, carambombo,
etc.), lo cual nos llevaría a desaparecer la poca seguridad alimentaria que nos
queda.
Supuestamente
el gobierno consulta a la SAC y a las Federaciones, pero no los tienen
en cuenta a la hora de firmar los mal llamados acuerdos internacionales, que
han traído la ruina a la agricultura colombiana, y los halagan con "buenos
puestos" en el país y en el exterior. Y mientras tanto, la SAC vive de las
Federaciones, y las Federaciones viven de los agricultores. “No es lo mismo
vivir de la agricultura, que vivir de los agricultores". Como si fuera
poco, parece que los que van a “negociar” el ALCA son los mismos que negociaron
en 1990 la apertura económica. Ahí si que quedamos llevados señores
agricultores y senadores. Pedimos que el Congreso de la República intervenga y
participe con diligencia en esta negociación, pues sabemos que este tratado es
una orden del gran Imperio y las palabras de Salvación Agropecuaria encontrarán
oídos sordos en el gobierno y sus amigos extranjeros.
No podemos entregar al libre mercado la papa, el
arroz, el café, la leche y lo poco que queda del agro colombiano y de la
seguridad alimentaria de nuestro país. ¡A nosotros que no nos inviten a esa
fiesta! Parece que ya el Ministerio de Comercio Exterior adjudicó $2.500
millones de pesos para los sabios que van a llevar a cabo esta negociación en silencio
y a espaldas de los campesinos colombianos. Porque ya están negociando, y éste
es el nuevo problema que se aproxima. Por eso debemos estar listos y parados de
frente en la resistencia civil, porque no se puede negociar la soberanía
nacional y no podemos dejar que se vaya a introducir este cáncer en Colombia y
nos suceda lo mismo que a los agricultores mexicanos con el Nafta.
Pero no solamente tenemos problemas con subsidios,
también los tenemos y supremamente graves en ciencia y tecnología. El año pasado
tuve la oportunidad de visitar en Arkansas, Estados Unidos, un laboratorio de
ingeniería genética, donde están sacando el genoma del arroz. Iba con mi hijo y
nos encontramos con un aviso en el laboratorio: "Dale Bompers". Le
pregunté irónicamente si era la marca de un carro, y me contestó: “Es el nombre
del senador por Arkansas; Bill Clinton le obsequió a este señor once millones
de dólares para montar un laboratorio con 17 ingenieros genéticos que están
trabajando en citología, biología, fisiología y anatomía molecular y
desciframiento del genoma del arroz; además, van a sacar arroces de olores,
arroces de sabores y resistentes a enfermedades”. El gobierno norteamericano,
además, les da un millón de dólares al año para el sostenimiento de ese laboratorio.
El 40% del área agrícola de Estados Unidos está
cultivada en transgénicos. Ustedes pensarán que los gringos están llenos de
problemas con el arroz, con plagas y enfermedades. No, allá no tienen esas
dificultades, porque el arroz lo rotan con soya, luego con maíz y con trigo, y
solo en la cuarta cosecha vuelven a sembrar arroz, que si quieren, pueden
sacarlo para semilla, sin plagas y sin
enfermedades, porque además de eso, el invierno, con el cambio de estaciones,
rompe el ciclo biológico de esos males. Pero tienen alta investigación, ciencia
y tecnología, porque invierten en ella hasta dos puntos del Producto Interno
Bruto; como contraste con lo anterior, nuestro Premio Nobel, Manuel Elkin
Patarrollo y su laboratorio agonizan por falta de presupuesto para la
investigación, y sus gastos de funcionamiento los van a tener que costear
empresas españolas.
Lo trágico de lo anteriormente mencionado, es que en
Colombia en general, todavía no se sabe qué es ingeniería genética en el agro.
Aquí, una buena parte de los recursos se gastan en corruptela disfrazada de
auxilios para las comunidades, y los dilapida y regala el gobierno nacional, en
buena medida para que algunos congresistas corruptos le aprueben todos sus
proyectos de Ley, que golpean a los sectores populares y le entregan cada vez
más la nación y sus riquezas al imperio del Norte. El dinero corre, pero no le
llega a los campesinos más pobres de Colombia. Es muy doloroso ver nuestros
campos en la miseria en que se encuentran; porque además de la ingeniería
genética en el arroz, ya están sacando la soya Bt, Monsanto montó la
investigación y le introdujeron el gen del herbicida para obtener la llamada
soya glifosato, a la que sólo se le aplica Roundup
y luego la recolectan; y tienen el algodón Bt, en el cual el gusano o plaga
se muere si come la hoja. También están trabajando la papa transgénica, "y
nosotros que somos tan buenas papas, como dice Tarcicio Cuervo (nuestro líder
papero en Boyacá)".
Purtzay, un científico que realizó una investigación
en Suecia, hizo un experimento con ratones; utilizando papas que habían hecho
mutación genética contra el gusano blanco, y a unos ratones les dieron a comer
papa con mutación genética y a otros el tubérculo normal; a los primeros se les
destruyó el sistema inmunológico y murieron; el científico hizo la denuncia y
lo echaron del laboratorio. Pero esa papa ya existe y viene en el mercado y
llegará acá, indudablemente, como llegó la soya glifosato al Bienestar
Familiar. Según la investigación que hizo Aurelio Suárez, hay multinacionales
asociadas con los “patriotas” colombianos que compran esos productos y viven de
la sangre de los agricultores, y les dan a los niños soya transgénica, sin
saber qué efectos tiene sobre la salud humana.
No nos oponemos a la ciencia indudablemente, lo malo
es no tenerla; pero sí nos oponemos a que se reciban y distribuyan alimentos
transgénicos, sin que exista siquiera un laboratorio de investigación del ICA o
Corpoica para analizar científicamente qué efectos pueden tener estos productos
sobre nuestra población. En Estados Unidos llevan quince años investigando la
ingeniería genética y nosotros no hacemos sino consumir el maíz Bt, como fue
denunciado por Green Peace en Santa Marta, en un barco que estaban descargando
de nacionalidad americana a principios del año pasado con el visto bueno de
todos los Ministerios, sin saber los posibles efectos sobre la salud. Ese es
otro problema que tendremos con el ALCA; nos van a llegar todos los productos
transgénicos; y sobre esto sí que sería bueno que se legislara y se
investigara. ¿Por qué los niños colombianos tienen que comer soya transgénica?
¿Qué efectos van a producir sobre la salud de los niños y del pueblo colombiano
la soya y el maíz transgénicos?. Sino hay una protección por parte del gobierno
para nuestros cultivos convencionales, esta nueva tecnología que llega en las
importaciones de alimentos y semillas, arrasará con lo que queda de nuestra
agricultura y tendría un impacto ambiental negativo sobre las especies nativas
y del medio ambiente; al haber los cruces en la naturaleza de las plantas
provenientes de cultivos transgénicos con los vegetales nativos, se podrían
generar híbridos o vegetales no conocidos, dando como resultado nuevos seres
vivos con resistencia desconocida a herbicidas o insecticidas; como ven, ésta
nueva tecnología genera más inquietudes y dudas que respuestas, y los efectos
negativos los pueden recibir nuestra flora y la fauna.
Sin solucionar ninguno de los problemas básicos que
tenemos y con los productores nacionales sometidos a la más despiadada apertura
económica, el gran programa gubernamental para el agro es el de las cadenas
productivas del Ministerio de Agricultura. En el departamento del Tolima nos ha
tocado padecer la famosa cadena del arroz. Una cadena es una serie de eslabones
que se unen para hacer algo supremamente fuerte; creíamos que no era para
asfixiar a los agricultores. La cadena funcionó bien en todas las reuniones,
pero en ninguna de ellas se solucionó el problema del mercadeo ni el de los insumos,
y siempre los funcionarios del gobierno estimulaban de palabra a que la gente
participara en las cadenas del algodón, del maíz, y decían que la solución para
todos los cultivos consistía en la conformación de las cadenas y todo parecía
perfecto; pero cuando llegaba la época de recolección de cosechas, les decían a
los productores: ¡Amigos, aquí está Diagonal para negociar el algodón con
ustedes; aquí están Purina y Finca para comprarles el maíz y la soya! Y los
representantes de estas compañías sacaban las cotizaciones del mercado
internacional y seleccionaban las más baratas y decían: ¡Él precio del producto
es éste! Los funcionarios del Ministerio de Agricultura entraban a actuar:
¡Pero negocien! ¡Negocien amigos agricultores, que ellos son los que le compran
a ustedes las cosechas!.
En las cadenas, el Ministerio de Agricultura se
convierte es en promotor de las grandes compañías, desamparando al productor
nacional, el cual tiene que protestar para ser escuchado. En la cadena del
arroz, ante la desaparición del Idema,
el mercadeo nacional quedó en manos de la empresa privada (comerciantes y
molineros), que sin apoyo del Estado, ejercen una posición dominante de acuerdo
a sus intereses que van amarrados a la oferta y demanda del mercado, en la mayoría
de los casos, afectando la parte más débil de la cadena que son los
agricultores. Minagricultura responde
cuando se va a romper la cadena, ante los reclamos de los agricultores, haciendo las veces de bombero para apagar el
incendio; debido a ello, el arroz en Colombia es una especie en vía de
extinción, el cual escasamente se sostiene con precios ruinosos para los
cultivadores.
Retomado el tema de la cadena del algodón, ésta deja
de funcionar también por factores climáticos, podemos mencionar el caso del
departamento del Tolima en que dejó de llover cuando el algodón tenía 60 días,
lo que originó la perdida de la cosecha, igualmente sucedió con la cadena del
maíz; pero en los cultivos donde hubo riego y se logró llegar a la recolección,
cuando el algodón tenía 90 días y empezó a abrir sus cápsulas, falló el crédito
del Banco Agrario. Hoy es más fácil para el pequeño campesino ganarse la
lotería, que conseguir un crédito en el banco agrario. Cuando los campesinos van al Ministerio de
Agricultura a solicitar apoyo, les dicen: "Vayan al Banco Agrario, y les
preguntan: ¿qué pasa con las asociaciones productivas, asóciense que este
gobierno con ellas, está haciendo crecer el agro al 5%?”. Los agricultores se
cansaron de hacer cola en el Banco Agrario y no les prestaron un solo peso. Una
de las características del gobierno de Andrés Pastrana es "que el pequeño
campesino dejó de ser sujeto de crédito en Colombia".
En la mitad del paro del 31 de julio tuvimos que
mediar entre las cooperativas que compran el algodón a los cultivadores de El
Espinal y el Ministerio de Agricultura, porque Diagonal no quería fijarle un precio a las 500 toneladas de fibra que
dichas cooperativas tenían almacenadas, pues el precio había bajado en el
mercado internacional. El oficio sacado en la reunión se lo enviamos al
ministro de Agricultura, comentándole que todos los algodoneros del Espinal
iban a entrar en paro si no atendían su petición; inmediatamente los
llamaron y les dieron
una fórmula de solución. Eso es este gobierno, sólo las
presiones lo conmueven. Ahí están los agricultores de la Costa Atlántica ya con
el algodón de 60 días y sin un solo peso; el doctor Andrés Pastrana,
pomposamente, cuando estaban preparando las tierras, fue a estimularlos para
que sembraran cincuenta mil hectareas de algodón, porque éste y el café son los
cultivos que más empleo generan en Colombia; pero en la actualidad la cosecha
de algodón está en riesgo de perderse porque el Banco Agrario no les ha
prestado un solo peso para atender sus gastos de cultivo. ¿Cuál es la razón?
Que el algodón bajó de 60 a 30 centavos de dólar la libra y todos los
comerciantes amparados por el gobierno, se están escondiendo para no comprar la
cosecha ¿Es este el plan de apoyo para el agro colombiano?. Esta situación se
está repitiendo con la cosecha de soya en el Meta, y el problema es con los
industriales; pues Ecuador eliminó el arancel y los fabricantes de concentrados
están comprando 700 mil toneladas de soya de terceros países triangulada por
Ecuador, y cuando la cosecha nacional no pasa de 40 mil toneladas les quieren
pagar precios ruinosos a nuestros agricultores; esta es la famosa cadena de la
soya, en donde dejan desprotegida la producción nacional.
Para el gobierno, la producción agraria sigue creciendo
al 5% anual, pero nunca hemos entendido esas cifras: la producción de café pasó
de 16 millones a 10.5 millones de sacos; el arroz cayó 4%, lo mismo que el
banano, y estos son los cultivos más grandes; el desempleo aumentó en el campo
más del 30%; el transporte de carga bajó un 28%; las ventas de los insumos
cayeron 25% según Andreas Lorenz, presidente de Aventis (Portafolio, pág.5, octubre 5 de 2001). La propaganda oficial dice
que el agro colombiano sigue creciendo porque "las hortalizas crecieron al
55%". Nosotros lo hemos dicho, y lo repetimos: se pueden contar los
carros, las casas y el consumo de energía, pero ¿quién cuenta las hortalizas?.
Sin embargo, el Ministerio de Agricultura las hizo crecer al 55%. Qué facilidad
la del gobierno para interpretar las cifras y poner a crecer lo que no crece y
se está marchitando. Con el Ministerio de Agricultura los problemas se han
vuelto recurrentes, porque es lamentable que se esté repitiendo el problema de
las cadenas en la Costa Atlántica con el cultivo del algodón, es lamentable que
estén en problemas los cultivadores de papa, de café, de arroz, de soya y de
maíz. ¿Será que no les bastó el paro del 31 de julio?.
Pero, además, todos los problemas de la economía los
quieren también solucionar a costa de los trabajadores colombianos. Nosotros
apoyamos la lucha de los sindicatos y de las Centrales Obreras en Colombia,
porque no estamos de acuerdo con que se les sigan reduciendo sus conquistas
laborales y sus derechos adquiridos. Pueden regalar el jornal y la economía no
se reactivará, porque es una economía en la que no hay demanda porque no se
estimula la producción nacional, por ello, van siete reformas tributarias en la
última década, y dos en lo que va corrido de la administración Pastrana, cada
una con peor resultado que la anterior, reduciendo la capacidad de compra, y
disminuyendo la demanda de bienes y servicios del pueblo colombiano. Una
economía en la que no han podido reactivar la demanda interna ni el
empleo, y los recursos grandes de la nación, en gran parte se
destinan al servicio de la deuda pública, brillando por su ausencia los gastos
de inversión; dichos recursos también los destinan a reactivar el sector financiero que es el sector parásito de la
economía, el cual los recicla prestándolos a altas tasas de interés las cuales
han arruinado al agro, a la pequeña, la mediana e incluso a la gran industria,
con tasas de intermediación mayores al 15%, las más altas del mundo, mientras
el desempleo ya bordea el 20%, y el subempleo pasa del 30%.
Mientras en Colombia los bancos prestan a 2.5%
mensual, en Estados Unidos lo hacen al 3% anual ¡Qué diferencia! La nuestra es
una economía en la que se acaba con el campo, con la salud y con la
educación; una economía que no va a
crecer; es un país que agoniza y que va a quedar con una deuda pública (interna
+ externa) de 40 mil millones de dólares al terminar este gobierno, lo que en
buen romance significa, ni más ni menos, que a partir del próximo año cada niño
colombiano que nazca heredará una deuda de mil dólares.
Los últimos gobiernos han encaminado todos los
esfuerzos de la economía, direccionándolos únicamente a reducir el déficit
fiscal y a bajar la inflación, entutelados por el Fondo Monetario
Internacional, castigando en materia grave la producción nacional y a los
trabajadores, sin lograr reactivar la demanda interna ni el empleo, por el
contrario, estamos siguiendo los pasos de Argentina, y tarde que temprano en
ese rumbo llegaremos también a solicitar la moratoria de la impagable deuda
pública. De todo lo anterior, se
concluye que nos encontramos en un país
en que todas las cifras macroeconómicas son negativas, en donde se
quiere sostener la inflación sobre la columna vertebral de los campesinos y los
obreros colombianos. Si el gobierno no
rectifica el modelo económico neoliberal, cada vez le resultará más difícil
recuperar la paz, el progreso y el empleo.
Todas las economías prosperas de los países
industrializados han tenido auge gracias al desarrollo del campo, ello ha
propiciado la expansión de los sectores metalmecánico, petroquímico y
agroquímico, el empleo y toda la producción industrial, además el comercio y el
sector financiero mismo. Únicamente en Colombia marchitan el agro y la
industria, y pretenden reactivar la economía con subempleo y jornales a destajo
para los trabajadores. Por eso los invitamos a seguir luchando, a que cada
agremiación en su terruño siga protestando contra las malas políticas del
gobierno.
Salvación Agropecuaria apoya todas las expresiones
de protesta de los productores, indígenas, trabajadores y campesinos en las
carreteras de Colombia y los invitamos a que se haga una gran resistencia
civil, para defender lo que queda del sudor de nuestros campesinos y
trabajadores. No podemos desfallecer y seguir esperando que las soluciones nos
caigan como maná del cielo.
Esperamos que después de leer y estudiar juiciosamente esta cartilla, el buen lector pueda analizar y
cuantificar el tamaño y calibre de la gran lucha social que se avecina y que
debemos emprender con el pueblo colombiano, para que en éste nuevo milenio,
todos unidos podamos derrotar estas políticas que están destruyendo la
viabilidad económica y social de nuestra nación, en beneficio de intereses foráneos, en contra del pueblo colombiano,
de su soberanía y del progreso de nuestra patria.
Muchas gracias,
Angel María Caballero
Agradecimientos
a la Junta Directiva
del
Distrito de Riego de Usosaldaña
por la
colaboración al Movimiento de Salvación Agropecuaria
y a la
edición de esta cartilla..