El Nuevo Día – Editorial – Octubre 16 de
2005
DR. PABLO ISAZA, MD.
Soberanía alimentaria
“Es
importante para nuestra nación, cultivar alimentos, alimentar a nuestra
población. ¿Pueden ustedes imaginar un país que no fuera capaz de cultivar
alimentos suficientes para su población? Sería una nación expuesta a presiones
internacionales. Sería una nación vulnerable. Y por eso, cuando hablamos de la
agricultura de nuestra nación, en realidad hablamos de una cuestión de
seguridad nacional”.
Estas palabras, fueron recientemente
pronunciadas por el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, para
recordar que desde el nacimiento de la nación, la soberanía alimentaria, es tan
importante como la seguridad basada en el poderío militar. Es por ello que sus
agricultores son subsidiados. Para que con toda clase de garantías, produzcan
alimentos. Para que los ocho principales productos, trigo, maíz, arroz, algodón
soya, sorgo, cebada y avena, estén siempre disponibles. Y para seguir, al pie
de la letra, la definición de soberanía alimentaria adoptada por la FAO: que
“es aquella que se alcanza cuando toda la gente, en todo momento, tiene acceso
físico y económico, a suficiente alimento nutricional y en forma segura, con el
fin de suplir sus necesidades dietéticas y preferencias alimentarias para una
vida activa y saludable”.
La propia FAO insta a los países a definir sus
propias políticas sustentables de producción, distribución y consumo de
alimentos, garantizando el derecho a la alimentación para toda la población,
con base en la pequeña y mediana producción, respetando sus propias culturas y
la diversidad de los modos campesinos, pesqueros e indígenas de producción y
comercialización agropecuaria y de gestión de los espacios rurales.
Las
hambrunas, tanto como la peste, eran los eventos mas temidos por la población y
sus gobernantes. La historia de la humanidad está plagada de acontecimientos de
hambre. Los pueblos que no tenían una alimentación sustentable y asegurada eran
presa fácil para invasiones y aniquilamiento. En la era moderna, el último gran
ciclo de hambrunas planetarias, las de 1876-1879 y 1896- 1902 causó mas de
treinta millones de muertes en una población que era la sexta parte de actual.
Fenómenos climáticos de las características de El Niño y políticas
proteccionistas de los países ricos llevaron a fenómenos de hambrunas que
abarcaron todos los continentes. Se incrementaron y centralizaron los precios
de los alimentos, que fueron manejados por los poderes de quienes tenían de su
lado la mayor producción, la tecnología y la disponibilidad de alimentos. Las
muertes fueron aportadas por los países no autosuficientes en alimentación.
Después
de las hambrunas que soportó la población durante las dos guerras mundiales, se
hizo conciencia sobre la necesidad de un mundo sin hambre. Se convocó a un
congreso mundial para proporcionar a todos los países las herramientas que los
hicieran autosuficientes en alimentos. En 1945, en Canadá, se creó la
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)
y se propuso una guerra contra el hambre. Un año mas tarde, en 1946, se declaró
la soberanía alimentaria de los países y una alianza entre agricultores y
científicos que alimentaría al mundo. Lamentablemente, todas las reuniones y
congresos han terminado en palabras sin hechos. Sin embargo, cada día existe
más conciencia entre los países pobres, que seguir el camino de los países
ricos, en el sentido de ser soberanos en alimentos es la senda adecuada. ¿Conocerán
nuestros negociadores del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos el
significado de la autosuficiencia alimentaria de los países, y las catástrofes
de hambruna, desnutrición, enfermedad y muerte de los que no lo son?