“ENTREGAR, ENTREGAR  y ENTREGAR”

Aurelio Suárez Montoya

 

Actos de gobierno de los últimos días, inmersos en episodios de la vida nacional que cobran cierta trascendencia, en tanto pueden ir creando nuevos alineamientos frente a las políticas económicas neoliberales que siguen imponiéndose, están esclareciendo paulatinamente los verdaderos contenidos de la agenda que Alvaro Uribe Vélez debe cumplir para “no molestar a los Estados Unidos”.  No se trata ya apenas de obedecer, se trata de no perturbar en lo más mínimo la omnipotencia del Imperio en los estragos que pretende infligirle a Colombia. 

             El primero de esos episodios - y quizás  el más sonado-  es el causado por los ministros de Agricultura de los países andinos a raíz del  establecimiento el 15 de octubre en Lima de aranceles consolidados para los productos agrícolas, según el tope máximo que permite la OMC y que serviría de base para la negociación del ALCA. Intentaban simplemente una unidad aduanera a fin de colocar para dicha negociación  un tope máximo posible del que se irían descolgando las tarifas hasta 2015. No estaban  estos ministros diciendo No al ALCA; apenas aspiraban partir hacia el arancel cero  y, con él, hacia la agonía de muchos sectores agrarios, desde lo más lejano permitido. En otras palabras, “estaban dándose tiempo”. Además tal interés, que coincide, de cierto modo, con la soberanía alimentaria y la agricultura nacionales, atañe a clases sociales disímiles en el campo, tanto a productores de carácter empresarial como a vastas capas del campesinado.

             Los atalayas de los intereses gringos en Colombia, encabezados por Hommes, Armando Montenegro y Oscar Marulanda, comenzaron desde distintas tribunas a advertir sobre la eventual comisión de ese pecado venial contra el neoliberalismo. No obstante, una vez perfeccionado, otro grupo, encabezado ya por la propia virreina, Anne Patterson, secundada por el ministro de Comercio Exterior, Jorge Humberto Botero, y por el presidente de la ANDI, Luis Carlos Villegas, se abalanzaron a la Casa de Nariño en busca de una reversión de la medida. Una misiva de Villegas al presidente Uribe, en la cual defiende las exportaciones agrícolas estadounidenses por encima de todo, coincide con las declaraciones concedidas en esos mismos días a una agencia de prensa en Lima por J.B. Penn, vicesecretario del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, quien “ advirtió que su país no está dispuesto a aceptar que los países andinos notifiquen aranceles mayores a los vigentes”. 

             Al final, como se sabe, Uribe Vélez  ordenó la revisión de la disposición andina y, como lo dice con tanta frecuencia, “priorizó” (sic) los intereses norteamericanos. Mas no sólo Carlos Gustavo Cano quedó en la lona. La Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), Fedegán y su presidente, Jorge Visbal, y, en particular, la Federación Nacional de Avicultores de Colombia, FENAVI, expresaron su indignación por el “reversazo”. “ Nos vendieron y nos dejaron colgados de la brocha”, dijo Mejía de la SAC, “ es importante que cumpla su promesa de campaña que se opone a las importaciones desbocadas”, dijo Visbal. Y, FENAVI, en ilustrativa Carta Pública, señaló que la modificación a lo acordado en Lima el 15 de octubre es “entregarle el mercado nacional a la competencia foránea, y descartar de una vez por todas la producción nacional de maíz, soja y yuca”.  El país quedó notificado que “no se respetará pinta” para imponer los dictados imperiales.

             Y, mientras eso pasaba con el agro, la misión de visita del FMI ordenaba también cambiar el proyecto original de Reforma Tributaria presentado por el gobierno al Congreso. Argumentando que a Junguito y a sus asesores les “habían quedado mal hechas las cuentas”, obligó a que el IVA, extendido a nuevos productos, bienes y servicios, especialmente agropecuarios y de la canasta familiar, subiera del 5% inicialmente propuesto al 8% y que los salarios sujetos a retención en la fuente no fueran aquellos equivalentes a cinco  mínimos sino a cuatro. Inmediatamente el gobierno de Uribe acató y, así, sacrificó en el holocausto del servicio impagable de la deuda más trabajo y más producción nacionales. Esa Reforma se orienta a que las “exenciones odiosas que hay que combatir” no son los beneficios de las firmas petroleras ni las de los especuladores de los TES sino que castiga las que provienen de la comida, del campo, del trabajo de empleados y obreros calificados, de pensionados y de la producción nacional.

¡ Ahí si no brincan Hommes y su grupo, travestidos hoy en defensores de los “consumidores”.  !

             Esas torcidas conductas oficiales se justifican como “señales” de que queremos disfrutar del ATPA, transformado ahora, fuera de su formato industrial de maquila, en medio de chantaje  para imponer todos los designios gringos o también de “tranquilidad para los mercados financieros”, los que nos tienen viviendo para ellos.   “Entregar, entregar y entregar” es el verbo nuevo para rimar con “trabajar, trabajar y  trabajar”, ambos conjugados según sean las normas emanadas desde Washington.