El  Sombrío Panorama Cafetero (2002 / 2003)

AURELIO SUAREZ MONTOYA

( Contribución especial para El Tiempo-Café)

 

En la reciente reunión de la Organización Internacional del Café (OIC), celebrada en los últimos días de septiembre en Londres, se determinó, entre los países productores y consumidores, destruir de sus inventarios cerca de 4.5 millones de sacos denominados de “calidad basura” con el propósito de disminuir en algo la oferta disponible mundial que está conformada por la producción total anual más las existencias almacenadas tanto de vendedores como de compradores. Aunque se trata de la primera acción concertada, después de 13 años,  entre oferentes y demandantes para regular el mercado de alguna forma y pretender elevar los precios, no pueden crearse mayores expectativas de los efectos reales sobre las cotizaciones del café verde, no sólo porque es una cantidad que apenas alcanza a algo más del 10% del total del excedente sino porque el principal consumidor, Estados Unidos, el “país de las mezclas”, no suscribió el respectivo convenio.

             Desaparecer físicamente un producto, cualquiera que sea, cuya elaboración implicó la inversión de unidades de capital y de trabajo, es un acto de irracionalidad económica, muy propio del loco mundo capitalista de la superproducción acrecentado ahora en los tiempos del neoliberalismo. La destrucción de cafés físicos sólo tiene antecedentes en la época de la Gran Depresión, en 1929, cuando  Brasil para impulsar el alza de los precios lanzó una cosecha al mar y destinó otra como combustible para sus ferrocarrilles, una “hazaña” que le valió un golpe de Estado, orquestado desde USA, al presidente Pereira de Souza y con lo cual terminó allí el periodo conocido como “ defensa permanente del café”. Ahora, aunque se ignora cómo se hará la desaparición, tal medida es más opuesta a la razón cuando se sabe que los bajos precios obedecen a las iniciativas de los grupos multinacionales que controlan el mercado en los países desarrollados. Nestlé vende 3.900 tazas de café por segundo, los gobiernos de dichas naciones se quedan con el 23% de los ingresos del negocio cafetero en forma de impuestos y  de tres dólares que vale un pocillo de café en un sitio de consumo en Europa o Estados Unidos sólo dos centavos llegan a los 25 millones de productores de todo el mundo, un 70% de ellos con plantaciones menores de 5 hectáreas. Es uno de los más patéticos desastres causado por una inicua división internacional del trabajo llevado a extremos por el modelo neoliberal de la actual globalización. En él  pocos ”tocan el cielo con las manos”  y muchos son arrojados a los más graves sufrimientos del infierno terrenal del hambre y la miseria. Y eso sin nombrar los ingentes y ocultos retornos, en cada paso, de los circuitos financieros que especulan con toda esa gran operación industrial y mercantil.

             En el caso colombiano  , las promesas electorales incumplidas en torno al apoyo al caficultor por parte del  gobierno de Uribe Vélez, con la disculpa de las “dificultades fiscales”, son mala señal acerca del futuro sostenible de 550.000 productores que persisten en el cultivo de esta rubiácea. Después de conocer las graves dificultades e injusticias del comercio exterior, no es comprensible que el” Acuerdo entre la Federación y el Gobierno” reduzca el subsidio al precio interno de $30.000 a $25.000 por carga y, en la última semana, a $20.000, que  elimine los recursos públicos para atender programas de crédito especiales y la renovación de cafetales y ”pivatice” la prestación de la asistencia técnica a los “ productores empresariales” que responden por el 45% de la producción total. Así se introduce el SISBEN a la industria cafetera, omitiendo la estrecha relación de unos con otros, las dependencias recíprocas que hacen concebir la estructura productiva del café nacional como un todo con dificultades comunes.

             Pero, por encima de todo, hay que elevar un serio reclamo sobre la forma cómo se viene fijando el precio interno del café en plena cosecha. En enero de 2002, el valor del dólar fue de $2.274, la cotización internacional del grano de US$0,636 y el precio interno, con subsidio de $3.000 por arroba, estaba en $ 276.608 por carga Ahora, ocho meses después, cuando todas estas variables han evolucionado así: el dólar a $2.888, un 26% más, el valor del grano en las bolsas mundiales en US$0,62, centavo y medio menos, el precio interno apenas bordea los $29.000, un incremento del 4%, incluso por debajo de la inflación, que no reflejan ni el subsidio, el gobierno debe una explicación al respecto. Por este medio sólo al Eje Cafetero se le sustraerán en doce meses más de 15.000 milones de pesos. Y, entre tanto este “atraco” sucede, a los invitados a las “audiencias presidenciales” de marras, como en Risaralda, escasamente piden zoológicos, Transmilenios, puestos y sericultura. “Cuidan la sencilla y descuidan la gruesa”.  

             Finalmente, cuando se difunden programas de grupos sociales extranjeros que protestan ante el escenario universal de desolación creado; en el cual, con excepción de algunos empresarios brasileros, todos los cafeteros del mundo realizan a pérdida sus cosechas, mientras el oligopolio dominante recibe más de 60.000 milones de dólares al año, se siente verdadera indignación, “ dolor de patria”,  cuando nuestros gobernantes visitan la Casa Blanca y,  a duras penas,  musitan solicitudes respuestuosas acerca del café. ¡ Qué lástima ¡ Parece que les pesara demasiado lo acontecido a Pereira de Souza hace 70 años. Sombrío panorama cafetero 2002- 2003...