El Nuevo Día –
Editorial – 5 de mayo de 2006
ENTRE LA RUBIA Y LA MORENA
El presidente de Venezuela, Hugo
Chávez, anunció que se retiraba de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) como
una "protección a su país de la invasión de productos de Estados
Unidos", señalando que tal amenaza proviene de los tratados de libre
comercio que están por suscribir Perú y Colombia con la superpotencia. El
canciller venezolano agregó que estos acuerdos "tienen los mismos
propósitos del ALCA" y que hacen parte de ese plan continental.
Las reacciones en Colombia frente al
aviso, en el que al parecer "no se dará marcha atrás", han ido desde
la del presidente Uribe, que corrió a donde los amigos de Chávez para que
intercedieran, la de Hommes, quien afirma que hay que "aprobar cuanto
antes el TLC y buscar nuevos mercados para colocar el 10 por ciento de las
exportaciones que hoy absorbe Venezuela" o la de Armando Montenegro que
atribuye "el lío" a intereses políticos encontrados que deberían
supeditarse a "la magnitud de los intereses económicos". Eduardo
Sarmiento ha advertido sobre la incompatibilidad ente el TLC y la CAN, ya que
los países andinos que no estén con TLC sufren los compromisos comunes con los
demás socios en tanto los otros andan de libre comercio con terceros, y la Red
Colombiana frente al Libre Comercio y el ALCA - RECALCA- ha denunciado que esos
"TLC implicaron no solamente un cambio en la normatividad andina sino una
violación de la Decisión 598", que exigía mantener informados a los miembros
de la CAN sobre las negociaciones.
El rompimiento de la CAN es un golpe durísimo a la economía colombiana.
Pese a lo que dicen los voceros oficiales, los andinos son los principales
socios comerciales de Colombia.
Veamos: en 2005, nuestras exportaciones
a Estados Unidos valieron 8.478 millones de dólares y las dirigidas a la CAN
sumaron 4.180. No obstante, si se descuentan de las ventas a Estados Unidos las
de petróleo por 3.962 y las de carbón por 765 que están aseguradas por el
déficit energético del Coloso, el total exportado se reduce a 3.751. Si un
ejercicio similar se hace con las exportaciones a la CAN, descontando
energéticos por 355 millones, terminan valiendo 3.835, más que las enviadas al
Norte.
Lo anterior no es lo más
contundente. Un estudio de la Cámara de Comercio Colombo - Venezolana de 2003 (Chiappe M., Aponte D., Rueda R., Suárez S.), acerca de los
riesgos de las exportaciones colombianas a Venezuela afirmaba desde entonces
que "si bien Venezuela no pretende firmar un acuerdo comercial con EE.UU,
tampoco podría esperarse que dicho país mantuviera protegido nuestro mercado si
estas preferencias dejan de ser recíprocas". En dicho estudio además se
remarca el ato nivel de sustitución de las exportaciones colombianas a
Venezuela por parte de las estadounidenses, de forma que las preocupaciones de
Chávez no son tan infundadas al presumir que en el marco del TLC haya agentes
de países andinos que practiquen la "triangulación": importar de USA
y reexportar desde Colombia o Perú.
Una tesis de grado de Economía de la
Universidad Javeriana en 2004 sobre el comercio con
Venezuela (Suárez S., Rueda R.) comprobó con rigor estadístico un hecho más
protuberante: Venezuela tiene demanda efectiva por bienes de mayor valor
agregado y ésta tiende a incrementarse más que proporcionalmente en la medida
en que crezca su ingreso. Es decir, en la perspectiva de altos recursos en el
país vecino por el ascenso de los precios del petróleo, en dicho mercado puede
preverse una dinámica superior para nuestros bienes que son en más de un 80%
con valores agregados mayores que la que podrán tener, incluso con TLC, los de
bajo valor que se exportan a Estados Unidos. Colombia está en la encrucijada
entre la rubia y la morena, un dilema anunciado. Uribe ha reiterado que se
queda con las dos y es de temerse que al final se resignará con la rubia. Si
por ello en las actuales cuentas comerciales al tenor del TLC se contabilizan
los beneficios del APTDEA, también habrán de restarse los impactos de la
destrucción de la CAN. El saldo será negativo.