AGRO, TLC Y
“CAN-MERCOSUR”
Jorge Enrique Robledo, senadorrobledo@telesat.com.co,
Bogotá, 7 de octubre de 2005
En el Tratado entre los gobiernos de Colombia y
Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay que se tramita en el Congreso –el mismo
al que llaman “CAN-MERCOSUR” sin serlo– se sentencian a desaparecer el trigo y
cebada y se amenazan otros renglones de la industria y el agro, pues ese
acuerdo se enmarca dentro de las concepciones de “libre comercio” que benefician
a las transnacionales. Pero lo peor de dicho pacto es que le abre camino al TLC
con Estados Unidos y que este último, de entrar en vigencia, puede convertir en
catastrófico lo acordado con los suramericanos.
Para darse una idea de las pérdidas que quieren volver
irreversibles, Colombia importó, entre 1990 y 2003, 13 millones de toneladas de
trigo y 2,3 millones de toneladas de cebada, con costos por 2.131 y 392
millones de dólares. ¿Cuánta de la indigencia de Nariño y Boyacá, que llega al
29 y al 41 por ciento, se explica por esas importaciones? ¿En cuánto menos se
han desarrollado en Colombia los sectores que le venden al agro por la decisión
de importar estos productos?
El ministro Botero ha guardado silencio sobre la
cebada, seguramente porque hay un acta de la Comisión Mixta de Comercio
Exterior en la que aparece Rudolf Hommes Rodríguez, en ese momento asesor de
Uribe Vélez y miembro de la junta directiva de Bavaria, opinando a favor del
inmediato desaparecimiento del cultivo de ese cereal. Y con respecto al trigo
ha señalado la necesidad de salir de los 20 mil productores que sobreviven,
decisión que ha justificado culpándolos de su propia ruina y con el cuento de
que los subsidios agrícolas extranjeros permiten conseguir comida “barata” (La
Patria, mayo 16 de 2004).
Los estudios del Ministerio de Agricultura de Colombia
demuestran que las importaciones de alimentos a menores precios arruinan a los
agricultores pero no les llegan baratas a los consumidores, pues con la
diferencia se quedan los intermediarios. Además, si la eliminación del arancel
al trigo extranjero redujera el precio del pan, este apenas bajaría en el 2,7
por ciento, porcentaje insignificante para justificar el desaparecimiento de un
producto que es base de la seguridad alimentaria y que puede darles empleo a
cien mil familias. El mincomercio calla también que el trigo nacional se
produce a costos menores que el estadounidense y que su desplazamiento se debe
a los subsidios de la Casa Blanca y a la política oficial colombiana de
facilitar su ruina, política que, sofismas aparte, tiene una sola explicación:
el gobierno de Colombia se somete a la exigencia de Estados Unidos de comprarle
sus llamados “excedentes” agrícolas. Y es obvio que si la teoría de las
supuestas ventajas de importar cualquier cosa porque sea más barata se aplica a
todo en el TLC –como se viene aplicando– desaparecerá también buena parte del
resto del agro y la industria nacionales.
Además, y por causa de la cláusula de Nación Más
Favorecida aplicable a los tratados en trámite, es probable que lo que se le
conceda en el TLC a Estados Unidos haya que concedérselo a Brasil, lo que puede
inundar a Colombia de pollos enteros brasileños, pues estos se producen a
costos similares a los de los cuartos traseros (perniles y rabadillas)
estadounidenses. Y algo parecido puede suceder con el resto de los sectores
agropecuarios e industriales que, como se sabe, tienen en Brasil y Argentina
poderosos competidores.
Coletilla: debe avergonzar a los responsables que el Hospital
de Caldas lleve 16 meses cerrado, produciendo, como ya no puede negarse,
enfermedad y muerte entre los habitantes más pobres del departamento. Mas la
decisión del alcalde de Manizales de “reabrirlo” no puede conducir a engaños.
Porque una cosa es reabrir el Hospital de Caldas que había y otra, muy
distinta, es abrir otra institución con el mismo nombre pero con
características diferentes, incapaces de resolver el problema creado.
Lo que el alcalde Luis Roberto Rivas quiere montar es
una empresa de salud controlada por el capital privado y destinada a ser
rentable, con menos servicios que los que había, con sus trabajadores
contratados a través del inicuo sistema de cooperativas y la cual podrá negarse
a atender a quienes no tengan con que pagar sus servicios. ¡Y eso no era el
Hospital de Caldas!