Ángel María Caballero Lían
tiene la razón
Por JORGE ENRIQUE ROBLEDO
Senador de la República
ESPECIAL PARA EL NUEVO DÍA
Ángel María Caballero, presidente de la
Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, tiene la razón cuando afirma
que el Gobierno que preside Álvaro Uribe Vélez entregó los intereses de los
arroceros en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con EstadosUnidos, TLC. Y la tiene por las siguientes razones.
La oferta que hizo Colombia en arroz es la siguiente: A partir del día en que
entre en operación el TLC, Estados Unidos podrá exportarle a Colombia, con
arancel de cero por ciento, 47 mil toneladas de arroz al año, contingente que
se incrementará al 1.5 por ciento anual, hasta llegar al año veinte, fecha a
partir de la cual podrá entrar al país cualquier cantidad de arroz gringo, con
cero arancel.
Además de la exportación de las 47 mil toneladas, Estados Unidos podrá venderle
a Colombia, desde el primer día y con arancel de 80 por ciento, cualquier
cantidad de arroz. Y este último arancel irá disminuyendo al cuatro por ciento
anual, hasta desaparecer.
De lo anterior se podría deducir que:
El gobierno Uribe Vélez ya aceptó que Colombia no considera la producción
agropecuaria como un problema de seguridad o soberanía alimentaria nacional,
porque, según este, mientras el país tenga con qué comprar la comida de los
colombianos no interesa que esta tenga que importarse.
Y, al mismo tiempo, le aceptó al de Estados Unidos que la principal defensa de
los enormes subsidios a su agro sea la defensa de su seguridad o soberanía
alimentaria, pues George Bush considera, con razón, que si le toca importar la
comida de su nación sería sometido a presiones internacionales.
¿Cuánto duraría en su cargo un ministro de Estados Unidos que tuviera como
posición la que esgrimen sobre este tema los ministros colombianos?
El Gobierno colombiano ya le aceptó al de Estados Unidos que Colombia eliminará
el Sistema Andino de Franjas de Precios, el principal
instrumento de protección del arroz y todo el agro nacional.
Y, el cuento de que ese mecanismo será reemplazado por uno que protegerá lo
mismo no pasa de ser eso, un cuento para pescar incautos, como lo muestra la
propia oferta del Gobierno nacional.
Si se mira con atención la oferta de Colombia y la posición de Estados Unidos
queda claro que el gobierno de Álvaro Uribe Vélez ya le aceptó al de Bush que
este mantendrá los inmensos subsidios a la producción de arroz de sus
productores y que en Colombia habrá libre importación de arroces gringos, los
cuales llegarán con aranceles de cero por ciento.
Lo que se negociará en las próximas rondas se limita a decidir el momento
exacto en que esa desprotección será total, los plazos en que se irá entregando
cada vez más del mercado interno a los extranjeros y la fecha exacta en que se
quebrará cada productor.
Ya se conoce que la oferta de Colombia en trigo, cebada, maíz y otros productos
será incluso peor que la del arroz, pues su libre importación será todavía más
rápida, lo que también golpeará a los arroceros como colombianos que son, al
igual que los lesionará la ruina de la industria nacional.
El ingreso de otros cereales más baratos también golpeará al arroz nacional por
la vía de su sustitución por otros alimentos importados a precios menores.
A esto se le suma que la libre importación de las 47 mil toneladas, que
entrarán a 30 mil pesos menos que el producto nacional, presionará a la baja el
precio del arroz producido en el país y le dará todavía más facilidades al
contrabando que se padece.
Por último, es obvio que la oferta de Colombia es la inicial y no la última y
que cada nueva propuesta será peor, hasta encontrarse con lo que imponga
Estados Unidos, en un proceso en el que aumentarán las toneladas de libre
importación desde el primer día y el porcentaje en que se incrementarán cada
año.
El arroz disminuirá de veinte años a bastante menos el plazo para llegar a la
desprotección total (desgravación arancelaria) y bajará en proporciones mayores
cada año el arancel al arroz extranjero que no sea de libre importación.
No está bien engañar a nadie. Pero puede ser peor dejarse engañar.
Que el Gobierno esté en lo primero no debe sorprender a nadie. Da grima ver
gente informada que se deja engañar para facilitar que engañen a los demás.
Al respecto no perdamos de vista que la defensa de la producción nacional no
puede consistir en defenderla solo durante el plazo que se le antoje al
Gobierno gringo.