A
VIATICAR A LIMA
RECALCA - Bogotá, abril 18 de 2005
Las negociaciones del TLC andino que se
realizarán en Lima serán la repetición del consabido ritual de las otras ocho
rondas. Estados Unidos, seguirá sin ofrecer nada, argumentando que su atención
está colocada en la aprobación del Cafta que apenas hace una semana inició su trámite
en el Congreso estadounidense. Los andinos llegarán con su habitual canasta de
regalos, esperando respuestas que no harán los estadounidenses y estos, sacaran
de su variado repertorio nuevas exigencias y condicionalidades. En esta ronda
reiterarán su exigencia de exportar productos usados incluyendo desechos de la
producción de cereales, amenazarán, con la disimulada complicidad de Colombia,
a Ecuador y Perú de no incluirlos en el tratado si resuelven los litigios con
las multinacionales y esta vez han escogido el tema de las barreras sanitarias
para recordar que no habrá “acceso real”, sino que ellas se estudiarán producto
por producto y país por país, por separado. A la propuesta de tomarse todo el
mercado de cereales de la región en menos de cinco años, añadirán otras
aspiraciones similares y mantendrán como “rehenes” los espárragos, las flores,
el atún y demás productos de la canasta exportadora andina en espera de que los
andinos hagan nuevas concesiones.
Prácticamente todas las mesas sesionarán uno
o dos días y allí hablarán y hablarán sin que cristalicen las pequeñas
aspiraciones de los gobiernos andinos los cuales serán mantenidos en vilo hasta
el final del proceso.
La nueva mesa de
“abogados” continuará devanándose los sesos para tratar de ponerle conejo a los
acuerdos de la CAN y los Estados Unidos exigirá nuevamente que cualquier
concesión dada a otros países les sea otorgada a ellos y harán un nuevo
esfuerzo por aislar a Venezuela.
No hay negociación,
se sientan a conversar y a refrendar los textos presentados por Estados Unidos.
Los andinos consideran altamente positivo cualquier palabra pronunciada por los
norteamericanos ya que la consideran un signo de interés en la negociación y,
las desmesuradas y arrogantes exigencias gringas las consideran normales ya que
Estados Unidos “siempre presentan posiciones maximalistas” para al final ceder.
En otras palabras Estados Unidos quiere despojarnos hasta de la ropa, pero si
al final nos dejan un taparrabos esto es considerado una gran victoria por los
flamantes negociadores.
El secreto de la
farsa consiste en dejar todo lo fundamental para la última ronda y en ella
decir: lo toman o lo dejan. Los gobiernos andinos lo tomarán y se cerrará el
telón.
La expectativa
disminuye. La propia oficina comercial de Estados Unidos afirma que el TLC no
tendrá mayor impacto en el crecimiento de los países andinos, los estudios de
la CEPAL para Ecuador lo corroboran. Los más timoratos anhelan que simplemente
se prorrogue el ATPDEA, otros sueñan con revivir el ALCA. Académicos proponen
esperar a ver que pasa en la OMC. Pero
las ilusiones de detener la barbarie del “libre comercio” mediante componendas
o propuestas ingeniosas cada vez tienen menos espacio.
En Ecuador la
crisis política amarra las manos del gobierno, en Perú el APRA prefiere
firmarlo el año entrante con un nuevo gobierno y en Colombia Uribe teme el
impacto del tratado para su proyecto de reelección.
Del engaño nuevos
sectores se han percatado. El malestar social se profundiza y los pueblos se
aprestan para nuevas jornadas de combate. Crecen las exigencias por que no se
firme el tratado sin informar y consultar a la población y la exigencia de que
se detenga el sainete, los gobiernos se paren de la mesa y se consulte a la
población.
Bajo
estas circunstancias consideramos que debe, al tiempo que rechazarse el TLC,
apoyar las iniciativas populares y parlamentarias que promueven consultas a la
población y todas las iniciativas que buscan descarrilar el proceso.
El sector
educativo, cultural, el movimiento sindical, las comunidades indígenas, los
ciudadanos afectados por las alzas en los servicios públicos, las regiones
maltratadas deben hacer oír su voz y gritar un estentóreo NO AL TLC.