Que los Estados Unidos desmonten subsidios es una cortina de humo del TLC


Presión sobre equipo colombiano hará que ceda ante las pretensiones norteamericanas

Por OSCAR A. VARÓN B.
EL NUEVO DÍA

La petición del presidente de Estados Unidos, George Bush, para que a Colombia le sean otorgados 700 millones de dólares para el Plan Colombia por parte del Congreso de dicho país, el nuevo acuerdo del Gobierno nacional con el Fondo Monetario Internacional con la ampliación del documento Stand by, y la necesidad implícita de que el país mantenga sus preferencias arancelarias, vía Atpdea, para ingresar al mercado norteamericano, son condiciones que influirán directamente en el Tratado de Libre Comercio, entre Colombia y Estados Unidos.

Así Lo manifestó Ángel María Caballero Lián, presidente del movimiento por la Salvación Agropecuaria de Colombia, con sede en Ibagué.

“Todo lo que sucede alrededor de la negociación son condiciones para que el grupo que representa los intereses de Colombia ceda a las pretensiones del equipo estadounidense”, aseguró Caballero Lián.

Para el líder de los agricultores, es ilusa la posición de quienes piensan que los Estados Unidos van desmontar sus subsidios agropecuarios, y que lejos de existan exclusiones para el sector agrícola, lo que buscará el equipo estadounidense es utilizar las ayudas externas (de suma necesidad para el país como Atpdea y Plan Colombia) para que existan concesiones en propiedad intelectual y en la agricultura, principalmente.

Según el análisis de Salvación, esta situación se explica en razón de la premura del Ministro de Comercio Exterior por definir lo antes posible los productos que quedarán con cero arancel y se puede deducir también de la presión del equipo norteamericano para no tener en cuenta el arancel variable en la desgravación arancelaria de los productos agropecuarios, así como la eliminación de la franja de precios. “Estas no son buenas señales”, indicó Caballero.

Salvaguardias

Para Salvación, la letra menuda de las rondas revela que Colombia ya aceptó negociar su producción agropecuaria teniendo como cierto que los subsidios norteamericanos no van a ser desmontados en un acuerdo bilateral.

“Con la aceptación de un acuerdo queda claro que son objeto de negociación los productos sensibles del sector agrícola, poniendo en riesgo los cuatro millones de empleos que estos generan. Lo peor que puede pasar es que lleguemos a una desgravación arancelaria de cero y los productos americanos gocen cada día de mayor respaldo en dicho país.

“Esa situación resulta nefasta para el agro nacional y evidencia que las importaciones masivas del norte serán un hecho en la realidad económica nacional. Más grave es que se desmonte el sistema de protección arancelaria, lo cual nos deja sin defensas.

“Lo digo, porque mientras el equipo negociador de Colombia habla de ponerse de acuerdo en los productos con cero arancel, el Gobierno norteamericano ya presupuestó unos 180 mil millones de dólares en subsidios para los siguientes cinco años, de los cuales 23 mil millones va a ser aplicados en el 2005.

“Eso deja en claro que vamos a desgravar y que ellos no van a reducir sus subvenciones. La preocupación es qué productos van a entrar en esa ruleta y cuáles van a sucumbir”, sostuvo Ángel María Caballero.
Otra muestra de que la producción nacional quedaría en el limbo es el hecho de que la mesa agrícola está buscando con urgencia una salvaguardia para varios productos, entre ellos el arroz.

“Efectivamente, sin franja de precios, esa salvaguardia agrícola que ahora resulta indispensable ante la avanzada y la presión del equipo estadounidense estaría apoyada en el Mecanismo de Contingentes Agropecuarios, MCA, que se encargaría de revisar las importaciones del país y de aceptar sus volúmenes.

“Sin embargo, el Mecanismo no asegura de ninguna manera que los importadores nacionales compren parte de la cosecha nacional en ningún producto. Se buscará que el mecanismo de salvaguardias reemplace la franja de precios, pero aún así este instrumento no es suficiente para proteger la agricultura nacional porque en ninguna parte se ha descrito que su misión vaya a ser la de asegurar la absorción de un determinado producto.

“Basta con conocer que en otros TLC se han utilizado los MCA con resultados devastadores. Por ejemplo, en Centroamérica (Cafta) las importaciones de arroz pasaron de 100 mil a 400 mil toneladas importadas En México la cifra pasó de 200 mil a 800 mil toneladas, y lo que es peor en el período de desgravación no hubo tiempo para que estos sectores se volvieran competitivos”, aseguró Caballero.

De esta forma, la negociación, al parecer, de los productos más sensibles sería un hecho si los negociadores ceden a las pretensiones de los norteamericanos de dejar a un lado las franjas de precios (como todo indica que va a pasar) y si el proceso de desgravación se establece sin los aranceles variables.

Así las cosas, se tendría que diseñar un mecanismo que asegure la aplicación de salvaguardias como el MCA, que a la postre no tendría un marco fuerte para garantizar la protección de ningún producto agrícola internamente. Tampoco los norteamericanos verían con buenos ojos que el MCA garantice la compra nacional, toda vez que sus intereses están puestos en que sus productos ingresen a la comunidad andina sin mayores complicaciones.

Ante este panorama, Salvación ratificó su petición de que sean excluidos de la negociación los productos más sensibles de la agricultura colombiana.

Competitividad

Según documentos de Salvación, el tema de la competitividad no ha sido abordado con mayor profundidad por parte del Gobierno nacional y solo se ha remitido a un discurso que no corresponde con los parámetros de la realidad.

“Mientras los costos de los insumos aumentaron entre un 12 y un 30 por ciento en Colombia, sin importar que la revaluación haya podido bajar dichos valores, en Estados Unidos apenas subieron uno por ciento. Así nadie compite”, señaló Caballero.

Las tasas de intereses son otro inconveniente, pues mientras el sector agrícola de Estados Unidos cuenta con tasas preferenciales del 0.5 por ciento, los bancos colombianos ofrecen porcentajes del 24 y 30 por ciento y diferenciales para los menos favorecidos del DTF más ocho puntos que equivalen a un 17 por ciento.

En transporte, poner una mercancía entre Nueva Orleáns y Buenaventura cuesta nueve dólares, y de Buenaventura a Ibagué, vale 26 dólares. En electricidad, un distrito de riesgo de arroz en USA está subsidiado en un 100 por ciento, el servicio energético en una hectárea de arroz en Espinal puede costar 110 dólares (250 mil pesos en promedio).

Otro aspecto, es la pelea que viene dando Fenavi, que tiene claro que dos perniles de un pollo puestos en Colombia tendrían un costo de medio dólar. Las partes que en Estados Unidos no se consumen entrarían muy baratas a Colombia.

“El Gobierno no da herramientas para ser competitivos y por ello nuestros costos son mayores. Sin duda, una ataque de su agricultura a la nuestra sería devastadora”, indicó Caballero, quien agregó que otro aspecto son las variedades de las semillas de arroz, pues en un Estado como Arkansas se cuenta con 26 variedades y en Tolima las de mayor rendimiento son apenas dos. “Esto hace necesario que los materiales del FLAR sean liberados para beneficio de los agricultores nacionales”, sostuvo.

Peor aún resulta, lo que pueda pasar con los consumidores. “Mucho se ha hablado de que los bajos precios de la producción agrícola de Estados Unidos beneficiarían a los consumidores colombianos. Lo cierto es que hasta el momento no se ha hablado de que instituciones van a regular esa comercialización conjuntamente con sus precios. Si los precios no se trasladan al consumidor, el acuerdo no serviría para nada”, manifestó Caballero.

Café

Por último, en el tema cafetero, Caballero sostuvo que una norma de origen aprobada en el acuerdo puede jugar en contra de Colombia.
“Si bien una norma de origen puede garantizar el acceso a Estados Unidos, también podría generar que los cafés mezclados o basuras ingresen a la nación, es lógico que ellos permitan el ingreso pero que también quieran tener acceso.

“No hay que olvidar que el mercado internacional del café es monopolizado por empresas como Nestlé, General Food y Cargill, entre otras, generando que el 90 por ciento del precio total quede en manos de estos pulpos”, afirmó Caballero.

De otra parte, Salvación no estuvo de acuerdo con las apreciaciones del senador Carlos García Orjuela, ya que la producción del grano es posible gracias a los pequeños productores que no tienen como invertir en un proceso de reconversión a cafés especiales.

“El 88.5 por ciento de los caficultores en el país tienen entre una y 1.5 hectáreas. No tienen que comer ni mucho menos plata. Un cambio a cafés especiales valdría mucho dinero y no creo que el Gobierno ni la Federación estén dispuestos a asumir ese costo. No se puede pensar en la variedad Colombia esta devaluada.

“Sin duda, habrá que mejorar el proceso de secamiento del café y enseñarle al agricultor a manejar las temperaturas adecuadas para conservar el aroma. También a manejar los patios y en ir adquiriendo tecnología para procesar el grano. Que no confunda García a Dinamarca con Cundinamarca”, indicó Caballero, quien agregó que un arábigo especial puede durar hasta seis años para que alcance su etapa de producción.