ASOCIACION NACIONAL POR LA SALVACION AGROPECUARIA
“Lo más
caro para un país es lo que no es capaz de producir”
SALVACION AGROPECUARIA ¡ADELANTE!
MILLARES DE CAMPESINOS, PRODUCTORES, TRABAJADORES E
INDÍGENAS MARCHARON CONTRA EL ALCA
Más de 20 mil
productores del sector agropecuario y otros miles de trabajadores de la ciudad
de Bogotá marcharon y agitaron sus banderas contra el ALCA o cualquier acuerdo
bilateral de comercio con Estados Unidos, y expresaron su decisión a abstenerse
de votar el referendo fiscalista y antidemocrático que pretende imponer el
presidente Uribe. Encabezados por Aurelio Suárez, director ejecutivo de
Salvación Agropecuaria, y por los líderes de las organizaciones afiliadas
(Unidad Cafetera, Unidad Panelera, Agropemca, Agameta, la Asociación
Agropecuaria del Huila, los Usuarios de los Distritos de Riego, la Asociación
de Cultivadores de Papa de Boyacá, y los ingenieros agrónomos de la ACIA)
llegaron de todo el agro colombiano y desde los más apartados lugares: de Nariño
y Caquetá, de Bolívar, Magdalena y el Cesar, del Suroeste Antioqueño, del Viejo
Caldas y del Tolima Grande, de las ardientes tierras del Patía y de las dulces
vertientes del Río Suárez.
Hubo productores
de trigo, cebada, panela, café, arroz, plátano, leche y carnes, maíz y
oleaginosas. Con rabia y decisión, representantes de las diversas especies y de
los diferentes géneros del sector agropecuario nos acompañaron el martes 12 de
agosto, desde las ocho de la mañana hasta las tres de la tarde, en la gran marcha
que empezó en la Plaza de Toros La Santa María y culminó en la Plaza de
Bolívar. También se hicieron presentes los dirigentes de las Centrales Obreras
y de la Confederación de Pensionados de Colombia, y los senadores de la
República Jorge Enrique Robledo, Bernardo Hoyos y Jairo Cuéllar Devia.
Dentro de los
planteamientos hechos en esa tarde por los dirigentes del agro en defensa de la
soberanía alimentaria, quedaron claras varias cosas: primero, que el
campo colombiano no aguanta otra apertura económica como la de Gaviria, la cual
ahora recibe el nombre de ALCA o de acuerdo bilateral de comercio, que
multiplicarían los perjuicios para la producción nacional y quebrantarían
nuestra soberanía. Si con la apertura
económica perdimos centenares de miles de hectáreas de trigo, cebada,
algodón, maíz, sorgo, soya, y quedaron desmanteladas las dos terceras partes de
la industria nacional, con el ALCA o cualquier tratado que se le parezca la
catástrofe será mayor. Nada distinto se puede esperar, además, si miramos el
sigilo del gobierno en las negociaciones y la celeridad y obsecuencia con las
que solicita los acuerdos, y las declaraciones de los altos funcionarios
norteamericanos en sus visitas, así como la permanente presencia de directivos
de multinacionales como parte de nuestras delegaciones en las mesas de
negociación donde se decide la suerte de la economía nacional y el futuro de
nuestros compatriotas.
Segundo, se habla con frecuencia de la
convertibilidad (cambio de actividad de los sectores afectados), y que sería
costeada por el Estado o por algunos países donantes, según dice la SAC. Pero
no podemos aceptar tal cosa: no la hubo en el pasado y no vemos por qué se
pueda dar en el futuro. “Si me engañan una vez, el pecado es de quien engaña;
si me vuelve a engañar, ya el pecado es mío”. Del primer engaño en la apertura económica, nos quedó la
pérdida de más de 800 mil hectáreas de cultivos transitorios, y el desempleo y
el desplazamiento para más de 400 mil familias del campo. ¿Nos dejaremos
engañar de nuevo?
Tercero, las personas que están participando por el
gobierno en estas negociaciones del ALCA o de un acuerdo bilateral, no pueden
tener nuestra confianza: casi todos vienen de la administración Gaviria, y en
los nefastos documentos de la apertura
aparecen sus firmas: la de Luis Alberto Moreno, ex ministro de Desarrollo de
Gaviria, hoy embajador en Washington, y las de los Hommes, Montenegros, Perrys
o Junguitos, o la de Martha Lucía Ramírez y otros más que entregaron los
intereses nacionales, por lo cual fueron premiados con altas posiciones en el
país o en la burocracia mundial.
Además, este
gobierno ya ha cometido sus trastadas. Funcionarios de Uribe firmaron con la
Chevron el contrato del Pozo Catalina y los yacimientos gasíferos de la
Guajira, donde la nación perdería cifras cercanas a los 1.000 millones de
dólares. Afortunadamente los senadores Robledo y Serrano enfrentaron tal
despropósito y el Consejo de Estado les dio la razón, por lo cual al ministro
de Minas le tocará recular. ¿Qué cosas
no pasarían aún de mayor calibre en las negociaciones del ALCA o de un acuerdo
bilateral, cuando las soluciones a las controversias serán falladas en
tribunales internacionales, no por jueces colombianos sino por árbitros
nombrados en la OMC? Es bueno insistir que en esas negociaciones están en juego
los empleos de por lo menos cuatro millones de personas y la subsistencia de 12
millones de colombianos que habitan nuestros campos. Y Estados Unidos manifestó
de entrada que no negociará en el ALCA los cuantiosos subsidios que tiene para
sus productores y exportadores.
El ALCA, o un
acuerdo bilateral, lesionaría en materia grave a todos los productores del
sector agropecuario, que responden por la dieta básica de nuestro pueblo. E
incluso la SAC ha repetido en diferentes oportunidades que se está negociando a
espaldas de ellos, y que se defienden intereses diferentes a los del agro
colombiano.
Cuarto, no estamos de acuerdo con los planteamientos
del ministro Carlos Gustavo Cano, hechos el 15 de agosto (Artículo de El Nuevo Día), por la sencilla razón que
no es posible negociar mientras existan las ayudas internas por 18 mil millones
de dólares anuales (en subsidios) que Estados Unidos da a sus agricultores.
Esos subsidios equivalen a 50 billones de pesos colombianos, o sea, dos
terceras partes del presupuesto nacional de Colombia. Son economías
completamente asimétricas, no solamente en las tesorerías, sino en la parte
tecnológica y científica; además de ser dueños de las fábricas de agroquímicos
y de maquinaria, tienen la ingeniería genética y la mano del Estado para
protegerlos. El presupuesto del Ministerio de Agricultura de Colombia al año,
no llega al 1% de lo que regala el Coloso del Norte a sus agricultores en
subsidios.
No podemos ser
tan ingenuos y pensar que vamos a hacer reconversión de nuestro aparato
productivo en menos de cinco años como lo propone Cano. Los recursos del país,
y el creciente hueco fiscal, no lo permiten. Estados Unidos nos lleva ventaja de 10 años en ingeniería
genética y de 30 años en la producción de pesticidas. Entre otras cosas, en
Colombia los agroquímicos aumentaron en
promedio sus precios un 40% en el último año, y la supuesta mano generosa del
gobierno no apareció por ningún lado, de lo cual se concluye que esa
reconversión o transferencia de tecnología no la regalan, la venden y bien
cara, lo mismo que los productos transgénicos. Para empeorar más las cosas, el
gobierno le impone IVA a las materias primas de los agroquímicos, que
representan hasta 50% de los costos de los cultivos, lo que nos hace menos
competitivos. Así, los insumos para el sector agropecuario serán dos y hasta
tres veces más caros que en los otros países del ALCA, con los que tendremos
que competir.
Por todo lo
anterior, y ante la decisión del gobierno de iniciar un acuerdo bilateral, en
donde además de los perjuicios para el agro nacional y el sector industrial,
existen grupos de negociación sobre la propiedad intelectual, las patentes, las
inversiones, las políticas de competencia, los servicios, el acceso a mercados,
la solución de controversias, y se podría perder hasta la soberanía jurídica,
ya que al aprobarse el tratado por el Congreso de la República, se vuelve ley
de leyes, y los litigios con las empresas transnacionales se fallarán en
tribunales internacionales, como lo mencionamos anteriormente.
Ponemos en
máxima alerta al pueblo colombiano, a los empresarios, agricultores,
campesinos, indígenas y obreros, y los invitamos a divulgar por todos los
medios de comunicación la más amplia resistencia civil al ALCA o a un tratado
bilateral de comercio con Estados Unidos.
Ibagué, 21
Agosto de 2003.
¡Soberanía económica, sí! ¡ALCA, no!
¡Soberanía económica, s! ¡TLC, no!
Asociación
Nacional por la Salvación Agropecuaria
ANGEL
MARÍA CABALLERO
Presidente