Caballero dice que Cano Sanz debe renunciar
¿Quién reculó por el sector agropecuario ante el TLC?
Por OSCAR A VARÓN B
EL NUEVO DÍA
Después de que los países industrializados
manifestarán en la reunión de la Organización Mundial del Comercio, OMC, la
cual se cumplió en la ciudad de Cancún, que no están dispuestos a eliminar sus
subsidios agrícolas, y los cuales han mostrado un constante desinterés por el
tema de la liberación de los flujos comerciales, cabe preguntarse ¿Qué va a
negociar Colombia bilateralmente con Estados Unidos, y cuál va a ser en
definitiva el papel del sector agropecuario?.
Esta pregunta toma más fuerza después de conocerse las declaraciones del
ministro de Comercio Exterior, Jorge Humberto Botero, quien estuvo en la cumbre
comercial mexicana, y quien declaró a un diario internacional que “mi país está
convencido de las bondades del libre comercio y de la utilidad de la OMC para
regularlo y facilitar su crecimiento.
Esto indicaría que seguramente Colombia en las negociaciones bilaterales tendrá
una posición más “flexible” para asumir un TLC con Estados Unidos. ¿Pero, hasta
dónde irá tanta laxitud, sobre todo cuando el país ha involucrado el sector
agrícola en las negociaciones internacionales que comienzan en enero de 2004 y
donde además quedó demostrado que los países más ricos del planeta continuarán
con sus subsidios y seguramente con sus barreras exportadoras?
Por el momento, el Ministro de Agricultura y el Gobierno nacional han puesto a
sonar el tema de la reconversión agrícola, lo cual indica que los cultivos
tropicales entrarían a remplazar parte de la producción nacional.
Hasta aquí y de acuerdo con los conceptos emitidos por los funcionarios
gubernamentales, se podría aplicar la lógica y decir que efectivamente el TLC
traerá cambios sustanciales para el sector agrario, pues de lo contrario no se
hubiese contado con los renglones agrarios en los acuerdos del próximo año.
Sin embargo, las condiciones y el futuro del acuerdo no son claras, pues ante
el caso de los algodoneros africanos, que sufren los procesos de exportaciones
y la competencia desleal por medio de los altos subsidios de este producto por
parte de los gringos, ahora se les anuncia que deberán cambiar de cultivo o ganarse
de otro modo de vida para sobrevivir.
¿Si esto sucede entre las relaciones del país más rico del planeta, con
naciones que sufren con las constantes plagas, los altos índices de mortalidad,
y que viven a diario con enfermedades como el SIDA, qué puede esperar
Colombia?.
Seguramente, la tesis de Antonio Caballero, columnista de Semana cobra mayor
vigencia cuando escribió que “desde los tiempos remotos de los fabulistas
griegos se ha sabido de sobra que no se pueden establecer acuerdos bilaterales
entre el león y el cordero, porque el cordero termina siempre en la barriga del
león”.
Ahora bien fuera del contexto internacional, los conceptos emitidos por los
funcionarios del Gobierno y los gremios de la producción tampoco resultan
claros, mucho más cuando las condiciones de EE.UU son tan marcadas.
No es casualidad
Para Angel María Caballero, presidente de Salvación Agropecuaria, el hecho
de que el sector agropecuario haya quedado involucrado en el TLC no es un
evento casual ni aislado de la política internacional que predica Norteamérica
y de los condicionamientos que esto genera; sin embargo, queda por explicar qué
pasó internamente en los gremios agrícolas para aceptar esta situación, y sobre
todo quienes cambiaron sus posiciones, pues Fedearroz creía inicialmente que
este renglón quedaría absuelto en este proceso.
“No es casualidad que esto suceda. Recordará la opinión pública que el ministro
Carlos Gustavo Cano y Rafael Mejía, presidente de la SAC, venían hablando desde
hace un tiempo de convertibilidad económica y tecnológica, de hecho en el
proceso de negociación presentado por Cano como carta de navegación para el
TLC, se involucraba un fondo para la reconversión cuyos recursos no deberán ser
reembolsables. También se habla de transferencia tecnológica apoyada por los
Estados Unidos.
“Con ello están hablando de que habrá perdedores en este proceso, pues en el
marco del tratado, y sumado al documento se explica que el dinero proveniente
del Fondo será utilizado en reconversión (cambio de un cultivo por otro). Es
decir que habrá sustitución de cultivos, pero nunca se dijo que fuera todo el
agro nacional”, dijo Caballero.
Incongruencias
En las declaraciones de Rafael Hernández,
gerente de Fedearroz a este medio de comunicación se precisó el pasado 6 de septiembre
que le había solicitado al Presidente de la República que productos sensibles,
como el arroz quedaran por fuera del TLC, con lo que al parecer el mandatario
habría quedado comprometido. Sin embargo, en la actualidad este producto quedó
inmerso en la negociación. ¿Quién entonces reculó dicha proposición?
“Yo le creo de buena fe a Fedearroz que creía que este producto quedaría por
fuera de la negociación. Además porque existe el antecedente de octubre del año
anterior cuando el ministro Cano Sanz reunió a los ministros del Pacto Andino
para fijar un arancel externo común como base de la negociación del ALCA.
“En su momento, el alto Gobierno, a través de otro ministro como Jorge Humberto
Botero, Rudolf Homes y la ANDI lo desautorizaron alegando que Colombia podría
perder la facilidad de prorrogar las deudas que tiene la nación por dicha
actuación. Seguramente no hay credibilidad del sector agrario o no será
demasiado importante para el Gobierno el tema cuando esto sucede.
“La segunda incongruencia de la SAC y de las agremiaciones ante una situación
tan grave como esta, y que supone la negociación de sectores que no tienen
competitividad internacional como el arroz, es que se anuncia una reconversión
con una plazo hasta de 15 años.
“Esto indica que el sector comenzará a morirse lentamente cuando lo que se
necesita es la defensa y protección del agro nacional, del cual depende la
subsistencia directa de más de cinco millones de personas”, puntualizó
Caballero, quien anunció que ante la evidencia de que el TLC va a quebrar la
economía rural, su movimiento realizará un paro en las principales carreteras
del país. “Una vez anunciado por el propio Álvaro Uribe de que todo el agro se
negociará, y observando que en el transcurso de esta semana, por cinco millones
de dólares, Colombia evade el tratado de Roma, y se anuncia que todo criminal
que viole la ley internacional deberá ser juzgada por la Corte Penal
Internacional, vale preguntarse ¿Cuánto vale entonces el sector agropecuario
para el Gobierno?” puntualizó.
Intereses
De esta forma, y en medio de una escalada de ventas al exterior de los
intereses nacionales, el ámbito de la negociación sigue siendo inconsistente. Pues,
por una parte el Gobierno anuncia la negociación de todos los sectores sin
definir estrategias; de otro lado, las agremiaciones defienden el agro,
solicitan excepciones y se ven enmarcadas en el TLC sin mayores reparos.
Y, por último, el representante Comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick,
durante su visita a Colombia cuando se le preguntó acerca de los beneficios
para Colombia después de culminar sus programas de cero amapola y ante la
dinámica que ofrece los desplazados, lo único que mencionó es que se va a
organizar una empresa, denominada ALCA, para venderle al país unos alimentos baratos.
“Ya oigo que mañana nos estarán diciendo a los colombianos que nos olvidemos de
producir arroz, algodón, oleaginosas, entre otros productos como sucede con
África en la actualidad.
“Este TLC significa la destrucción del campo colombiano de una forma diferida
cada año. En este proceso alguien miente, pues cada vez que el Ministro de
Agricultura intenta defender el agro y el Presidente supuestamente lo apoya, le
toca echarse para atrás. Cuando los gremios se ilusionan y hablan de
exoneración, terminan aceptando la reconversión. No sé si los gremios agrícolas
se sienten en la actualidad como el marido engañado.
“Ahora, dice el Gobierno que este asunto se trata de saber negociar. Sin
embargo, ocurre que los que están negociando son los mismos funcionarios del
gobierno Gaviria que le dieron vía libre a la apertura, y más grave resulta que
los negociadores no son de confianza del sector agropecuario. “Sin duda, esto
es motivo para la lucha social y la defensa de lo que queda de la agricultura”,
indicó Caballero, quien agregó que lo más delicado del asunto es que es
Colombia el que está pidiendo a gritos un TLC con Estados Unidos bajo las
condiciones del imperio.
En este contexto, Caballero dijo que si en manos de un tolimense con tradición
arrocera como Carlos Gustavo Cano, ministro de Agricultura, va a ser arruinado
y destruido el sector agropecuario nacional, entonces debería renunciar
inmediatamente por honor y dignidad. Además su papel ha quedado en entredicho
ante tantas incongruencias y en diversas oportunidades por sus mismos colegas. En
todo caso, todo parece indicar que muchas personas de los gremios agrícolas
recularon en sus apreciaciones y ahora aceptan el TLC como algo natural.