Más papistas que el Papa
Aurelio Suárez Montoya
Los neoliberales
criollos están, como en la película de Almodóvar, ” al borde de un ataque de
nervios”. El sumo sacerdote, el Cavallo colombiano, Rudolf Hommes, ante el
rumor de que Colombia, en conjunto con la Comunidad Andina, “estudia la
posibilidad de elevar los aranceles para los productos agrícolas, al registrar
como tarifas para la negociación en bloque en el ALCA las máximas permitidas
por la OMC”, se ha despachado en más de tres artículos en una defensa cerrera
del libre comercio de géneros agropecuarios. En la primera de ellas, haciendo
un artilugio matemático, defiende el modelo aperturista que implantó sobre la
base de que el total de la producción
agraria se mantuvo en una superficie cosechada igual. No importa que las
toneladas que él suma no sean ahora de
trigo, sorgo, soja, maíz y arroz sino de plátano, ñame, caña de azúcar y
banano. Al ex ministro le da lo mismo que los colombianos nos alimentemos con
arroz o maíz que con tubérculos. La misma teoría que tuvieron los colonialistas
europeos cuando cambiaron la dieta de los habitantes de Zaire y Kenia desde
1920 al destinar esas tierras para
producir géneros tropicales para sus industrias y les canjearon los frijoles y
el sorgo por la mandioca.
En su ofensiva
librecambista no está solo. En su ayuda
ha corrido un Sancho Panza aperturista, Armando Montenegro. Éste, a
nombre de la baja inflación y los consumidores, se sumó a la iniciativa
mercantil de los alimentos importados “baratos”, argumentando dicho propósito
como digno de “la izquierda” y llamando
a escudriñar los intereses ocultos, favorecedores de terratenientes, que están
detrás de la solicitud de protección a la producción agropecuaria
nacional. Pero en la última andanada de
Hommes, según el escrito, también va a
acudir en su ayuda el economista Oscar Marulanda, un aporte de la provincia a
la panda neoliberal. Acorde con el
mentor de marras, Marulanda va a proponer, sobre la base de un supuesto “golpe
de astucia” al dejar entrar los productos subsidiados de los gringos, para
beneficiarnos por el bajo costo de los mismos, dedicarnos a la palma africana,
la yuca, el caucho, el ñame y las frutas exóticas. Es decir, la misma que los
“afrikaners” le impusieron a las tribus nativas y pensar que todo esto se
predica a nombre del progreso. El silencio respecto al café, una planta de la
misma especie, es indispensable puesto que su sola mención derrumbaría el
“castillo de naipes” de Marulanda.
Es seguro que
estos pontífices de la comida “regalada” no han leído el Informe de la FAO
sobre “la Agricultura mundial hacia los años 2015 y 2030”. En él, refiriéndose
a la alimentación y la agricultura, el máximo organismo mundial en estos temas
expresa sentencias como: “ El crecimiento del sector agropecuario desempeña un
papel crucial en la reducción de la pobreza”, “los déficits comerciales
agropecuarios van en aumento en los países en desarrollo”, “ una mayor
liberalización beneficiaría principalmente a los países desarrollados” ; al
respecto estima dos cosas: si se ampliara plenamente el comercio global de
géneros agrícolas , se incrementarían los ingresos de esas ramas en 160.000
millones de dólares y 120.000 irían a engordar más las alforjas de los Estados
Unidos y los países de la OCDE y si esa ampliación de libre comercio se
efectuara sin subsidios la desigualdad comercial continuaría. Las economías de
escala de las potencias se impondrían. Esto es algo elemental que enseñó el
profesor Sarmiento en la Universidad de
los Andes y cuyos apuntes parece que Hommes, por conveniencia, refundió. Nada
les importa la seguridad y la soberanía alimentarias de los colombianos.
Finalmente,
aceptando la invitación de Armando Montenegro de “entender cuáles son los
verdaderos intereses detrás de esta iniciativa” (el alza de aranceles) es bueno
saber que estos tres mosqueteros, vinculados todos a grupos financieros y de banca de inversión como la firma de
Violy Mac Causland, la empresa
Inverlink y el grupo Rostchild, son
quienes más necesitan de la baja inflación
para atraer a los inversores que
les dan la comisión. Y, en el país ya todos sabemos que el alabado bajo IPC no
se debe a las hazañas monetarias del Banco de la República sino a la
contribución de los rubros, “alimentos”
y “vestuario”, los que por su escaso aumento sobre la base de ser importados
baratos, bien por los subsidios o bien por la mano de obra oriental , permiten
que sectores como salud, servicios públicos domiciliarios, combustibles o
servicios financieros puedan tener tarifas monopólicas, muy por encima de la inflación, como lo
constatan los propios informes trimestrales del Emisor. Los primeros financian
a los segundos. Es cierto, hay intereses
encontrados: los del interés nacional
contra los de los agentes del capital financiero especulativo
extranjero, lo peor de estos últimos es que para defender sus comisiones,
resultaron más papistas que el Papa, alabando la globalización más
que la FAO y la OMC...
Octubre 22 de 2002