¿ Cuánto vale un
pan?
AURELIO SUAREZ
MONTOYA
En el debate sobre los aranceles a los productos agropecuarios se está viendo de todo, pero especialmente la posición insular de los defensores de las exportaciones gringas de trigo, maíz, soja, arroz, cebada y sorgo hacia Colombia. Las palabras de López Michelsen acerca del deber casi patriótico de “proteger” nuestra economía agrícola o la afirmación de la doctora Marie Eve Detoeuf, decana de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad Externado, “ el asunto de los aranceles agrícolas recordó los estrechos márgenes de maniobra que tiene Colombia”, sumadas a las posiciones de connotados economistas y del mismo Congreso de la República, van dejando claro que el interés que promueven los “nuevos defensores” de los consumidores, los mismos que hace 10 años invitaban a sus compatriotas a “apretarse el cinturón”, es eminentemente foráneo, ajeno al nacional.
Tales intereses
extraños incluyen también los que ostenta Rudolf Hommes a nombre del monopolio
cervecero en cuya Junta Directiva ocupa un mullido sillón y para el que las
importaciones de cebada, que en diez años acabó con más de 40.000 hectáreas, es
un puntal para ser - en lo corrido del año-
la empresa que más ha ganado: $248.379 millones. “Reducción de costos”
es la clave, según su presidente, reducción que no se refleja en disminución de
precios ni en creación de empleo, al ser, precisamente, la misma firma que
acabó con más de 2.000 puestos de trabajo en un año en la provincia colombiana,
incluyendo al Eje Cafetero y al Tolima Grande.
Y con el pan pasa
lo mismo. No me refiero sólo a la entrega de porciones del mercado a la firma
mexicana que bajo el lema del “poder del trigo” ubica vistosos vehículos en el
“espacio público” para el expendio de su producto elaborado, también con trigo
gringo y preservativos, y con una
licencia para ello que ya se la quisiera cualquier vendedor ambulante
criollo, me refiero a los altos costos que el aparente bajo precio del pan,
promocionado por Armando Montenegro, acarrea sin que los consumidores se
percaten de ello.
Cuando se miran en
los informes del Banco de la República los principales productos de importación
se encuentra que el trigo, el sorgo, la soja y el maíz ocupan primeros lugares.
En efecto las importaciones de esos productos, entre 1.991 y 2001, costaron
cerca de 6.400 millones de dólares, distribuidos aproximadamente así: 1720 millones en trigo, 385 en cebada, 1763
en maíz amarillo, tanto agropecuario como agroindustrial, 190 en maíz blanco,
466 en arroz y 1845 en soja en sus diversas presentaciones. Esas compras suman
una cifra igual al total de todas las importaciones agropecuarias de los
últimos cuatro años y son el 25% de todas las compras agrícolas externas de la
década. Y, si se tiene en cuenta que eran géneros que todos ellos y en las
cantidades importadas podían y se estaban produciendo en el país, sus efectos
sobre la balanza comercial y el déficit
de la misma, cercano a los 30.000 millones de dólares en la década, son mucho
mayores que los de los productos que aquí no podemos elaborar.
¿ Y qué tiene que
ver con el precio del pan? Que las pérdidas ocurridas en las operaciones
comerciales con el exterior, motivadas en buena medida por las importaciones de
los productos que aquí podemos hacer,
son las causantes originarias del endeudamiento de más de $90 billones
de pesos cuya honra, en condiciones de especulación leonina, “ahoga” a todos
los colombianos, quienes, vale repetirlo, pagan 63.000 millones diarios, un
“gota a gota”, a ese “barril sin fondo”. ¿Y cómo lo pagamos? A través del más inicuo de los tributos: el IVA.
Desde que comenzó la apertura, éste ha
sido el impuesto predilecto de los Hommes, los Montenegros, los Junguitos y el
FMI para incorporar a todos los colombianos, en especial a los más pobres, en
el pago del servicio de la deuda. El recaudo por IVA interno, en pesos
constantes de 2001, pasó de $2,88 billones en 1.991 a $7,16 billones en 2001,
un crecimiento increíble del 150% y el recaudo de IVA externo, que también lo
pagan los consumidores, creció de $1,47 billones a $ 3,15 billones, un 115%.
Ese impuesto, gracias a seis reformas tributarias ya cobija al 60% de los
bienes de primera necesidad y se aproxima la séptima... Amigo lector: Cuando esté comiendo una
mogolla pastusa, de las que gustan a Montenegro, o una garulla sabanera con
“amarga” de los patrones de Hommes no se haga ilusiones con el precio de estas
viandas, lo está pagando con el IVA de las dos terceras partes de la canasta
familiar...