ASOCIACIÓN
NACIONAL POR LA SALVACIÓN
AGROPECUARIA
Presidencia. Tel.
y Fax. 098-2658058, Ibagué. Secretaria
General. Tel. 096-3344987 Pereira
www.salvacionagropecuaria.net
´´NO HAY CUÑA QUE MAS APRIETE QUE LA
DEL MISMO PALO´´
La
manguala liberal conservadora de congresistas hoy mal llamados Uribistas, salvo
honradas excepciones, una de ellas el Senador Jorge Enrique Robledo, el cual
salió en defensa del agro y en especial del café y el arroz, votaron en su gran
mayoría y a pupitrazo limpio la reforma tributaria contra el agro nacional,
gravando entre otros, con un IVA del 7% al café tostado y al arroz paddy para
el año 2003 y con un 10% en el año 2004. Este despropósito es confiscatorio al
no gravar las utilidades sino las ventas brutas de arroz sin analizar
rentabilidad, la cual es negativa con este nuevo gravamen, lo que debieron haber consultado con Minagricultura
o Fedearroz. En dinero contante y sonante se van a recolectar al año más de 100
mil millones de pesos, lo que representará para los agricultores sacar de sus
bolsillos sumas que oscilan entre 260 mil y 320 mil pesos por hectárea el año
entrante, sin contar la retefuente que pagamos y nunca reclamamos a la DIAN.
La gravedad de lo anterior es mayor, cuando el mismo
gobierno que hizo aprobar esta reforma tributaria, autorizó a las
transnacionales de los insumos agrícolas en los meses de agosto y noviembre
incrementos del 18%, sin contar la úrea que incrementó su precio
escandalosamente en un 30%. Brilló por su ausencia el salvamento de voto de los
congresistas, entre ellos los del Tolima que levantaron banderas con la defensa
del agro en las pasadas elecciones. Cabe destacar la buena intervencion de los
congresistas costeños que lograron excluir de este gravamen las vacas y también
se salvaron del mismo los insumos para el agro.
Cualquier desprevenido preguntaría si el arroz en
Colombia es un cereal que ha contribuido a elevar la inflacion, y nos
encontramos que en los últimos diez años su precio o no se ha incrementado o lo
ha hecho por debajo de esta; colaborando con su bajo precio en la canasta
familiar a bajar el costo de vida, lo que no han hecho los insumos cuyos
precios en el mismo periodo promedian incrementos alrededor del 15% anual.
En el mes de Noviembre del presente año fue aprobado
el impuesto al patrimonio, el cual gravó nuestras tierras arroceras en los
distritos de riego, en promedio de 40 mil pesos por hectárea al año. Toda la
cascada tributaria, incrementos en los insumos y gravámenes ya pasan de 500 mil
pesos por hectárea en el presente año, quedando liquidado el único cultivo
transitorio que había logrado resistir los embates de la apertura económica de
los años 90.
Lo anterior, lo único que demuestra es la falta de
conocimiento de la realidad nacional y desnuda para los productores del campo
la poca o ninguna representación que tenemos en el ejecutivo y el legislativo. Ha
producido mucha decepción entre los productores tolimenses que tenían alguna
esperanza en el ministro de agricultura, y hoy nos cae como anillo al dedo
aquella frase que dice que “No hay cuña que más apriete que la del mismo
palo”. Además él lo dijo en una reunión en el Círculo Social, antes de
posesionarse, en la cual explicó que él se debía a Uribe y su política, y no a
los partidos tradicionales, tampoco a los agricultores o a los arroceros, y
realmente así lo está haciendo. Además para colmo de males, en el gobierno su
voz no se oye, como lo hemos observado en las negociaciones de aranceles
andinos para el ALCA, entonces a quejarnos “al mono de la pila”.
Me comentaban
que al final de la legislatura Junguito dio emocionado un parte de victoria
para el Fondo Monetario Internacional, lo cual contrasta con nuestra decepción,
porque al paso que vamos para el 2005, año en el cual el gobierno aspira a
firmar el ALCA, ya no habrá arroz en nuestro departamento ni en Colombia, pues
a todo lo anterior se suma la encarnizada lucha por el mercado entre los
arroces de marca, en la cual el gobierno únicamente sirve de espectador,
disfrutando de la baja inflación generada por la misma, y la cual no nos
permite nivelar los anteriores gravámenes, amén de las importaciones de arroz
autorizadas por Minagricultura a partir del mes de febrero por Pacto Andino.
Por todo lo
anterior, es muy probable que como nos lo pronosticó Rudolf Hommes, de nuestros
campos arroceros únicamente quedarán a duras penas algunos cultivos tropicales
de borojó, chontaduro, rastrojos con vacas, caucho o palma africana, y los once
municipios arroceros de nuestro departamento cuya economía depende del cereal,
se hallarán sumidos en el más profundo desempleo.
No estamos de acuerdo con lo que le está pasando a
los productores del campo en Colombia. Mientras
los Estados Unidos aumentó los subsidios de 100 mil a 180 mil millones de
dólares para sus agrigultores en los próximos siete años, aquí aumentan los
impuestos, y los áulicos de Uribe en el gobierno se jactan de recoger en los
cuatro años de legislatura 16 billones de pesos, y además dicen que esta plata
no alcanza para hacer la paz y reactivar la economía. Modestamente creemos que
este no es el camino, pues “La guerra
nació en el campo.” Y la paz con 12 millones de campesinos desempleados y
hambrientos, nunca la van a conseguir. Medidas como las tomadas por el gobierno
y los congresistas no son más que el combustible para la guerra. Estas medidas
dejarán ociosas en el país entre otras, 420 mil hectáreas que se cultivan al
año en arroz y cerca de 27 mil productores con sus respectivos trabajadores
desempleados.
Esta
abominable reforma tributaria aprobada por el gobierno con el beneplacito del
congreso, coloca en máxima alerta a todos los agricultores de Colombia y al
gremio arrocero, constituyéndose en el gérmen para los paros agropecuarios y
movilizaciones de protesta que se llevaran a cabo el año entrante.
Ibagué, 27 de diciembre de 2002.
Presidente