EL ALCA AL ROJO VIVO
José Fernando
Ocampo T.
Las
negociaciones del ALCA habían transcurrido en Colombia bajo un silencio
sospechoso. Por fin, en las últimas semanas han quedado destapadas, gracias a
la desautorización que el presidente Uribe acaba de dar a su ministro de
Agricultura, Carlos Gustavo Cano, quien promovió la unidad de los países
andinos en Lima sobre aranceles agropecuarios, todo lo cual ha puesto el ALCA
al rojo vivo. Lo que ha encendido el debate es el problema de la agricultura en
sus dos aspectos fundamentales, como seguridad alimenticia y como fuente de
materias primas. Pero desde la posesión presidencial el 7 de agosto, semana
tras semana, el columnista de El Tiempo y de Portafolio, ex ministro y poder
tras el trono, Rudolph Hommes, se ha encargado de sacar sus cartas y de
ponerlas sin tapujos sobre la mesa, como no lo había hecho ni desde su
ministerio de Hacienda. Se trata del modelo económico. No es la agricultura tan
sólo, sino toda la concepción económica que ha inspirado los últimos cuatro
períodos presidenciales y que se ha denominado "apertura económica". La
comenzó Barco cuando la secretaria de Comercio de los Estados Unidos, Carla
Hill, condicionó el crédito Challenger a la supresión de aranceles para poner
el país a tono con su política en el continente. Pero Hommes fue el que la
llevó a término en el gobierno de Gaviria.
No hay un solo país desarrollado del mundo que no tenga como base fundamental
de su economía la protección de su agricultura, la producción del agro y la
autosuficiencia de alimentos básicos. Estados Unidos tiene la capacidad de
alimentar a su población sin importar un dólar, el día que las condiciones se
lo impongan. Por eso le queda fácil emplear a sus habitantes en industria y
servicios, porque no necesita sino el uno por ciento de ocupación en la actividad
económica agropecuaria. Una de las principales deficiencias de Japón es su
dificultad para mantener la autosuficiencia alimenticia en un territorio
superpoblado y estrecho. Por el contrario, la nueva estrella de la economía
mundial que es China, con un crecimiento económico entre el 7 y el 12 por
ciento durante los últimos treinta años, consiguió alimentar su inmensa
población de más de mil millones de habitantes como base de su desarrollo
económico. El verdadero desarrollo económico de Estados Unidos, que parte de la
segunda mitad del siglo XIX, se hizo con la agricultura y la ganadería en la
conquista del oeste para que sirviera de cimiento a su portentoso ascenso
industrial de la primera mitad del siglo XX.
El modelo agropecuario alternativo propuesto por Hommes contradice toda la
experiencia histórica de desarrollo económico. Su propuesta consiste en
aprovechar la agricultura subsidiada de unos cuantos países poderosos del
mundo, alimentar la población local "incrementando por vía de las
importaciones la seguridad alimentaria" y dejar de cultivar los productos
en los que no se tiene ninguna ventaja. Estados Unidos seguiría exportando a
los países pobres alimentos a precios subsidiados, "contribuyendo
enormemente al bienestar de la población". (El Tiempo, 18 de octubre de
2002). Ese criterio fue aplicado en Colombia desde la década del cincuenta. Desde
entonces, perdimos el trigo, desapareció la cebada, el café no es sostenible,
ya no se cultiva el sorgo y la soya, está acabándose el algodón, la leche está
amenazada, empezamos a importar azúcar, dejamos de ser autosuficientes en maíz,
se va a quebrar la crianza de pollos, de pronto acabaremos trayendo jugo de
maracuyá del Brasil, pitahayas del Ecuador y panela de República Dominicana. No,
no es una propuesta de Hommes. Se encuentra en las 45 páginas del documento
borrador del ALCA sobre agricultura resultado hasta hoy de 20 reuniones de
negociación. (http://www.ftaa-alca.org) Para Estados Unidos esas 45 cuartillas
son de máxima prioridad y se consideran de seguridad nacional. Así lo ha
declarado el representante comercial estadounidense, Robert Zoellick, en los
diez puntos estratégicos de comercio "para promover seguridad"
(Portafolio, 2 de octubre de 2001).
A Hommes lo acompaña la Andi, como consta en carta dirigida por su presidente
Luis Carlos Villegas al presidente Uribe. En ella se destapa el argumento
político, el verdadero quid de la cuestión. Según Villegas, modificar los
aranceles para proteger la agricultura y las materias primas molestaría a Estados
Unidos y pondría en peligro el ATPA o acuerdo de preferencias andinas que
liberaría de aranceles una serie de productos exportados a los Estados Unidos
hasta 2005 cuando entre en vigencia el ALCA. Así lo confirma la violenta
reacción del subsecretario de servicios agrícolas del Departamento de
Agricultura de Estados Unidos, J.B. Penn: "esa no es una forma de
proceder", afirmó. (La República, 23 de octubre de 2002). En otras
palabras, el ATPA se convierte en el anzuelo estratégico para someternos al ALCA.
Pero la solución del ministro Cano, contra la que protestaron los industriales,
de subir los aranceles en acuerdo con los países andinos para negociarlos en el
ALCA, no hace sino prolongar la agonía. Primero, es partir del supuesto de que
se negocia partiendo de cero. Segundo, es creer que la negociación va a
resolver el problema fundamental de la protección del agro. Tercero, es suponer
que el país tiene las manos libres frente a Estados Unidos con la perspectiva
de la guerra contra el terrorismo y el narcotráfico. Cuarto, es aceptar que el
ALCA le sirve al país. La posición de Luis Carlos Villegas es tan genuflexa
ante los norteamericanos que ni siquiera acepta ese mínimo espacio de
protección antes de que se cumpla el arancel cero en el año 2011, como
ingenuamente lo creyó Cano.
Sobre las intenciones de Estados Unidos no debe quedar ninguna duda. En el
artículo primero de la ley de Promoción de Autoridad Comercial (Trade Promotion
Authority o la llamada Fast Track), mediante la cual se le dan facultades
extraordinarias a Bush para negociar tratados comerciales sin el control del
Congreso, se dice: La expansión del comercio internacional es vital para la
seguridad nacional de Estados Unidos. El comercio exterior es un elemento
crítico para el crecimiento económico, el poderío y el liderazgo de los Estados
Unidos. La seguridad nacional de los Estados Unidos depende de su seguridad
económica…Los acuerdos comerciales deben maximizar las oportunidades de los
sectores más importantes de la economía. (http://fpc.state.gov/documents/organization/12409.pdf)
Planteo una gran pregunta: ¿Puede Estados Unidos eliminar todas las barreras,
arancelarias y no arancelarias para su agricultura como está exigiéndolo en el
ALCA? Mi convencimiento teórico es que no lo puede hacer. Pero, además, que no
lo pueden hacer los demás países que hacen parte de la Organización Mundial de
Comercio. Viene la otra pregunta: ¿Entonces, por qué promueve, impulsa y exige
un tratado de liberación arancelaria en la agricultura? Porque tiene el poder
para incumplirlo. Es posible que libere los aranceles. Pero las ayudas internas
a los productos agrícolas, las barreras no arancelarias de todo tipo, las miles
de formas de protección disimulada, pero efectiva, con su poder económico,
encontrará la manera de mantenerlas, disimularlas y enmascararlas. Para ellos
es un problema de supervivencia. A ello se añade la posibilidad que se le abre
de inundar con sus excedentes agrícolas a los países signatarios del ALCA. Pero,
en el fondo, es un problema de demanda en el comercio internacional. Cuando la
miseria de los países signatarios del ALCA aumente, no tendrán con qué
comprarle. La orgía de las importaciones de la apertura económica en Colombia
no duró diez años, porque con la mitad de la población en niveles de pobreza y
miseria, no hay quien compre tanto producto importado.
Y una observación más. La esencia del desarrollo económico de los países
subdesarrollados como Colombia es radicalmente diferente a la economía actual
de los Estados Unidos y de los demás países ricos del mundo. Ellos pueden basar
su actividad económica en el comercio, porque tienen asegurada la producción
agrícola e industrial. Nosotros, no. Tenemos que asegurar la producción
nacional, no importa si es ineficiente o no, por la necesidad de una
autosuficiencia relativa. Porque nos podemos desaparecer como nación, como le
sucedió a la Unión Soviética, que por competir en armamento con su rival
Estados Unidos, perdió su autosuficiencia alimenticia relativa y fue sometida
hasta su desaparición, cuando escaseó el trigo. Y lo que el modelo chino de
cincuenta años enseña es que es posible asegurar la producción de
autosuficiencia relativa que le de una base firme al comercio. No al revés. Estados
Unidos tiene autosuficiencia relativa con su producción y una sobreabundancia
de capital para dominar el mundo. El ALCA destruirá la poca capacidad
productiva de autosuficiencia relativa que nos queda y sólo beneficiará a
Estados Unidos.
Octubre 31 de 2002