Editorial-el nuevo día-17 junio de 2006.
LA GANADERIA TAMBIEN PERDERA CON EL TLC.
Jorge Enrique Robledo.
Si
los ganaderos Colombianos supieran lo que les va a pasar con el TLC, estarían
protestando tanto como cerealeros y avicultores. Tan mal salieron las cosas que
José Félix Lafaurie, Presidente de Fedegan, eludió la valoración de lo ocurrido
con un “nos fue como nos fue “, evasiva a la que se le agrego que no valía la
pena juzgar el acuerdo por que lo importante era prepararse para el futuro (?).
Claro que quien lea las 160 paginas de la revista Carta Ganadera,”Informe especial TLC y Ganadería”,
entenderá el punto de vista expresado en plena campaña presidencial por quien fue Viceministro de Agricultura de
Cesar Gaviria, pues absolutamente nada de lo que propuso la agremiación quedo
en el texto del TLC. Veamos.
De
acuerdo con las peticiones de Fedegan, Colombia debía mantener la protección mientras duraran las “ayudas
internas” de Estados Unidos a su Agro, las cuales, según la revista,
ascendieron en 2004 a 46 mil 564 millones de dólares, con un respaldo ala
producción de leche de 11 mil 300 millones y a la carne de res de mil 390, sin contar los subsidios a los granos
con los que se alimenta el ganado.
Asimismo,
fracaso su solicitud de mantener aranceles por 20 años, pues Estados Unidos
impuso que la última barrera a la importación de carne desaparecerá en diez, en
tanto la de los lácteos lo hará en
quince. Esto, con el gravamen de que las vísceras, los despojos carnicol
y los lacto sueros que reemplazan la
leche fresca quedaron con libre acceso inmediato, a pesar de que se consideran
como “desechos” y de “extrema sensibilidad” para la producción nacional, y que
igual trato recibió lo que los gringos llaman High quality beef, donde esta mas del 60 porciento de su oferta carnica. Desde
el día de vigencia del TLC tendrán libre ingreso a Colombia cinco mil toneladas de leche en polvo,
contingente que no cesara de crecer, en tanto el resto de
esas
leches pagara un gravamen muy bajo por su importación. El arancel para las
carnes que no se desgravaran de inmediato empezara en el 80 por ciento, pero
bajara a la mitad al año. No quedaron
salvaguardias ante un especial aumento de las importaciones, y los cuartos traseros
de pollo gringo deberán sustituir consumo de carne.
La Casa Blanca también logro, contra
las primeras opiniones de la agremiación, exportarnos carnes de reses nacidas
en México y Canadá, que los contingentes de importación no se fijaran según la
historia de compras, definir sobre la clasificación de las carnes y que
Colombia tenga que importarle a Estados Unidos, aunque las normas sanitarias
gringas impidieran exportarle. Fedegan considero como “claramente lesivos para
el interés nacional” desconocer las normas andinas sobre propiedad intelectual
para el patentamiento de plantas y protección de datos de pruebas de
agroquímicos. Y dijo que “no salio bien” que Colombia les concediera a los
gringos una cláusula en extremo leonina en futuros acuerdos agropecuarios con
otros países.
Fedegan
reconoce que el TLC amenaza las ventas de Colombia a Venezuela, a donde exporta
el ochenta por ciento de carnes y el 91 por ciento de lácteos. Y alerto por lo
que pueda suceder en el mercado Venezolano ante la competencia de los países
del Mercosur, los cuales, aun pagando aranceles, en dólares cuadruplican las
ventas de Colombia.
El
23 de febrero de 2006, Lafaurie explico que “el gremio ha ido mucho mas allá de
las líneas rojas inicialmente establecidas” y lo ilustro con cinco grandes
concesiones. Esto –explicó- “sobre una base irrenunciable: acceso real” al
mercado estadounidense. Y añadió que “sin acceso real al mercado de Estados
Unidos, el TLC no es moral ni políticamente sostenible”. Pues bien, el hecho
indiscutible es que Colombia no logro ese acceso, por que el TLC no le prohíbe
a Washington seguirle imponiendo las barreras sanitarias que se le antojen a
los productos Colombianos.
Para
rematar, en la entrevista citada (p.136) se explica que Colombia apenas tiene
ganadería para atender el consumo nacional de carne, que solo después de 20 o
30 años “podremos tener una oferta disponible” de importancia para exportar,
que lo poco que pueda venderse en el exterior será en nichos de valor agregado
y que “dentro de 20 años” el mercado gringo pedirá carnes de la calidad
nacional.