Homes: ¿Un genocidio en el agro?

 

Por: Octavio Arizmendi Posada / Escritor, consultor universitario

Procuro leer a Rudolf Homes. Es inteligente, franco y audaz. En artículo titulado " Economía y sentido común " dice que debemos importar todos los productos del agro que sean más baratos en el exterior que los producidos en Colombia.

Lo que no dijo es qué vamos a hacer con los millones de colombianos (30% del total) peones, minifundistas, cosecheros, pequeños y grandes finqueros que viven Directamente de la agricultura y la ganadería y los otros millones que viven indirectamente del campo como los comerciantes minoristas y mayoristas, transportadores, artesanos, proveedores de servicios, agrónomos, veterinarios y procesadores que conforman la población rural de veredas y pueblos y que son el 30% de la población colombiana (13.200.000) personas. Los exportamos? Los traemos a la ciudad a hacer que? Los dejamos ir a la guerrilla y a las autodefensas? Muchos lo harán si no encuentran empleo. Muchos lo hicieron cuando el Señor Homes era ministro y abrieron las importaciones de alimentos y agroproductos.

Lo que Homes no nos dice es que los estados ricos subsidian hoy a sus agricultores con mil millones de dólares por día ( USA, Canadá, Inglaterra, Francia, Italia, España, Japón, Australia etc., etc.) y que por esos subsidios pueden vender por debajo de los costos. Homes justifica eso: el dumping que es una práctica antiética por ser competencia desleal y ventajosa.

¿Por qué considera que es legítimo el subsidio a los agricultores de esos países, así solo sean el 3% del total de la población como en USA y no es pertinente en Colombia al menos con protección arancelaria donde son el 30 % de la población?.

Si bien el dumping es inaceptable, en cambio el subsidio es legítimo porque representa una contraprestación de la sociedad urbana a la sociedad rural que trabaja en inferioridad de condiciones: menor seguridad, ausencia de servicios sociales, inferior infraestructura, menor poder político, menor educación, inexistencia de precios de sustentación remunerativa y por lo tanto incertidumbre sobre la rentabilidad, mayor riesgo e impacto del clima, pocas alternativas de vender el producto a buen precio por la simultaneidad de la cosecha, ausencia de seguridad social y de seguros de cosechas y riesgos, etc.

 Por todo ello los estados prósperos subsidian a sus agricultores, así tengan que gravar con el IVA, el catastro y el impuesto al patrimonio, a los bienes y consumos de la sociedad urbana en mayor proporción que la rural. Por ejemplo la tasa del impuesto predial urbano debería ser mas alta que en los inmuebles rurales para financiar el subsidio a los agricultores, que, además puede revestir formas como crédito blando, precios de sustentación y asistencia técnica.

Podemos refutar la tesis del señor Homes con uno de sus párrafos del artículos que comentamos: " El salario de un individuo es el medio para adquirir comida, ropa, educación y otros medios de consumo". Si aplicamos esa afirmación a los agricultores o demás trabajadores que viven directa o indirectamente del agro y sus personas dependientes, resulta que su salario procede de cultivar, transformar, transportar y vender productos del agro colombiano y no de la importación de los mismos.

Esto no es critica a la persona sino a una de sus audaces " propuestas, contrariara la realidad de las cosas, a la justicia y al bien común de la Colombia agro-productora.

El Señor Homes me merece toda consideración y muchas de sus tesis. No esta propuesta, si entramos al ALCA sin proteger la agricultura tendremos eso: genocidio por hambre del 30% de la población del país que es agro-dependiente.

 

Este artículo fue tomado del periódico Portafolio, de la página de Opinión, noviembre  21 de 2002.