|
|
Joseph Stiglitz
De hecho, la
política agrícola estadounidense sí distorsiona los precios de los
alimentos, frustra la innovación, limita la diversidad de los productos y
subsidia a un grupo selecto de agricultores a un enorme costo público. Sus
características proteccionistas inherentes contradicen los esfuerzos de
Washington por reducir el proteccionismo en otros países y ganar acceso a
nuevos mercados.
Mientras, la
Unión Europea protesta contra el aumento de los subsidios en Estados
Unidos, pero ella misma subvenciona a sus agricultores. En realidad, los
subsidios agrícolas en la Unión Europea han sido históricamente mucho más
altos que los de Estados Unidos. En 1999, el apoyo económico total a los
agricultores del bloque europeo ascendió a 126.000 millones de dólares. Los
subsidios agrícolas de la Unión Europea han recibido los más duros ataques
de los críticos, incluidos activistas de izquierda, académicos,
economistas, funcionarios del Banco Mundial y defensores del libre mercado.
Pero gracias a la ley que el presidente George W. Bush promulgó el 13 de
mayo último, la política agrícola estadounidense podrá ser tan criticada
como la europea por expertos en economías del Tercer Mundo, en especial
porque contraría el discurso de libre comercio de la administración Bush.
Las
disposiciones de la Ley Agrícola 2002 de Estados Unidos incluyen:
Subsidios: Aumenta los subsidios a
los grandes productores de algodón y granos. Para restringir los pagos a
los granjeros ricos, el Senado pretendía limitarlos a 275.000 dólares por
agricultor, pero luego de negociaciones, el tope se aumentó a 360.000
dólares. En varios casos excepcionales, no obstante, se puede superar ese
límite.
Pagos por
conservación: Destina 17.000 millones de dólares en un período de 10 años a la
preservación de tierras agrícolas y pantanosas, la mejora de la calidad del
agua y la conservación del suelo.
Cupones
alimenticios: Aumenta los vales de comida para las familias trabajadoras de bajos
ingresos y restaura el derecho de los inmigrantes documentados a
recibirlos.
Programa
lechero:
Crea un nuevo programa nacional de 1.300 millones de dólares en sustitución
del caducado pacto lechero del noreste.
Etiquetado
de alimentos: Establece que, a partir de 2004, todo el pescado y la carne que se
vendan en Estados Unidos deberán llevar etiquetas que indiquen el país de
origen.
Una ley para
los granjeros ricos e ineficientes
Se estima que
la ley costará más de 100.000 millones de dólares en los próximos seis años
y 180.000 millones en un período de 10 años, aunque muchos expertos creen
que el gasto será aún mayor. Esto revierte por completo el intento del
Congreso hace seis años, mediante la aprobación de la Ley de Libertad
Agrícola de 1996, de eliminar los subsidios y dejar que el mercado dictara
los precios y los niveles de producción. Se prevé que el gasto agrícola
aumentará 80 por ciento respecto de los actuales programas. La mayor parte
de los fondos subvencionarán a los granjeros ricos e ineficientes de
Estados Unidos, aunque en la próxima década se destinarán 17.000 millones
de dólares para la preservación de tierras de labrantío y pantanos, la
mejora de la calidad del agua y la conservación del suelo en las granjas.
El Senado
acordó reducir su demanda del gasto en programas de conservación de 21.000
a 17.000 millones de dólares, aunque, como contrapartida, logró incluir en
la ley más fondos para cupones alimenticios, ampliar el programa de
nutrición y restaurar el derecho de los inmigrantes documentados a esos
cupones, por un total de 6.400 millones de dólares. Esta parece ser la
única parte de la ley que ayudará a los sectores relativamente marginados
de la población. Sin embargo, son los agricultores ricos los que más
beneficios obtendrán. Tres por ciento de las granjas recibirán dos tercios
de los subsidios.
Aparte de los
productores de algodón y granos, los cultivadores de maní recibirán una
subvención de 3.000 millones de dólares. Asimismo, se anunció la
adquisición del antiguo sistema de sostén del precio del maní por 1.000
millones de dólares. El gobierno tendrá entonces que pagarles a muchos de
los agricultores que poseen lucrativas licencias, conocidas como cuotas,
para que sigan cultivando maní.
Según el actual
sistema de subsidios, de 70 años de antigüedad, apenas unas 600.000
hectáreas pueden destinarse a la plantación de maní para consumo doméstico,
y las cuotas para cultivar esas tierras adquirieron un valor cada vez
mayor. El antiguo sistema garantizaba a los productores 610 dólares por
tonelada de maní. Sin embargo, desde la firma del Tratado de Libre Comercio
de América del Norte, el maní estadounidense enfrenta la competencia del
canadiense -principalmente en forma de manteca de maní- y del mexicano.
Como los precios garantizados son demasiado altos en comparación con los
precios de Canadá y México, Washington elaboró un nuevo plan por el cual el
gobierno comprará las cuotas de producción a sus propietarios, que entonces
podrán continuar cultivando maní bajo el nuevo sistema de subsidios. Las
normas legislativas tratarán al maní como a muchos otros cultivos,
estableciendo una cantidad "base" de producción con un precio
mínimo garantizado. Por primera vez, los contribuyentes tendrán que aportar
la diferencia si los precios del mercado resultan inferiores al mínimo
garantizado.
La ley también
crea subsidios por 1.300 millones de dólares para el sector lechero, pero
ninguno para los cultivadores de frutas y verduras del estado de
California. Aunque hasta ahora estos agricultores han logrado sostenerse
con escasa o ninguna subvención, la competencia global amenaza con invadir
los mercados donde se venden los productos californianos.
Además, la Ley
Agrícola 2002 asestó un duro golpe a la causa de los pequeños agricultores
estadounidenses, porque los subsidios propuestos no mejorarán la condición
de los propietarios de superficies pequeñas y medianas de tierra
cultivable, y los fondos para programas de conservación para pequeños
granjeros disminuyeron en 5.000 millones de dólares. La granja familiar
tiende a desaparecer, y la nueva ley no hace nada por recuperarla.
El cuadro
adjunto indica el grado de subsidio a los cultivadores de diferentes
productos. En la mayoría de los cultivos, las tasas de préstamo y los pagos
directos suman más de 90 por ciento del precio indicativo. En Estados
Unidos, las tasas de préstamo sirven como piso de precios para los
agricultores, porque éstos pueden incumplir el pago de su crédito sin tener
que vender su cosecha en el mercado abierto a un precio inferior, dado que
la Corporación de Créditos de Productos Básicos la toma en prenda.
|
Tasas de préstamo, pagos
directos y precios indicativos para los productos cubiertos por subsidios
en Estados Unidos (en dólares)
|
|
|
Tasa de préstamo
|
Pago directo
|
Precio indicativo
|
|
|
2002-2003
|
2004-2007
|
2002-2007
|
2002-2003
|
2004-2007
|
|
Maíz (por
bushel, equivalente a 35,2 dm3)
|
1,98
|
1,95
|
0,28
|
2,60
|
2,63
|
|
Sorgo
(por bushel)
|
1,98
|
1,95
|
0,35
|
2,54
|
2,57
|
|
Cebada
(por bushel)
|
1,88
|
1,85
|
0,24
|
2,21
|
2,24
|
|
Avena
(por bushel)
|
1,35
|
1,33
|
0,024
|
1,40
|
1,44
|
|
Trigo
(por bushel)
|
2,80
|
2,75
|
0,52
|
3,86
|
3,92
|
|
Frijol de
soja
(por bushel)
|
5,00
|
5,00
|
0,44
|
5,80
|
5,80
|
|
Semillas
oleagi-nosas menores (por libra, equiva-lente a 0,45 kg)
|
0,960
|
0,930
|
0,0080
|
0,0980
|
0,1010
|
|
Algodón
(por libra)
|
0,5200
|
0,5200
|
0,0667
|
0,7240
|
0,7240
|
|
Arroz (cada
100 libras o 45 kg.)
|
6,50
|
6,50
|
2,35
|
10,50
|
10,50
|
Flagrante
compra de votos
Las nuevas
medidas constituyen un intento flagrante de compra de votos en el llamado
cinturón agrícola de Estados Unidos. Los límites de los subsidios fueron
aumentados por encima del nivel recomendado por el Senado. Con esos
beneficios multimillonarios, las grandes granjas pueden llevar a las
pequeñas al borde de la extinción. Desde la última ley agrícola, miles de
grandes agricultores y terratenientes ausentes de sus tierras recibieron
millones de dólares en subvenciones que utilizaron para comprar pequeñas
granjas familiares, a las que el programa de subsidios supuestamente iba a
ayudar.
Los
agricultores de sólo seis estados (Iowa, Illinois, Texas, Kansas, Nebraska
y Minnesota) recibirán casi la mitad de los subsidios, la mayoría de los
cuales se destinarán al maíz, el trigo, el algodón, el arroz y la soja, y a
productos protegidos como la leche, el azúcar y el maní. En los estados
donde no se cultiva ninguno de esos productos, los granjeros no tendrán
suerte. Por ejemplo, en California, apenas nueve por ciento de los agricultores
recibirán subsidios; en Florida, ocho por ciento, y en Nueva Jersey, siete
por ciento.
Un estudio de
la Oficina de Evaluación Tecnológica del Congreso concluyó que "las
comunidades rodeadas por granjas demasiado grandes para ser administradas
por una familia tienen una distribución de ingresos bimodal, con una elite
de ricos, una mayoría de trabajadores pobres y una clase media casi
inexistente". Legisladores del gobernante Partido Republicano
repudiaron la nueva ley agrícola y advirtieron que los excesivos subsidios
producirán excedentes que harán caer los precios, además de no hacer nada
por corregir el hecho de que las compañías agrícolas ya reciban casi 80 por
ciento de los subsidios anuales.
Varios
analistas predijeron también que los enormes subsidios no lograrán reducir
significativamente los precios de los productos en los supermercados de
Estados Unidos. Las subvenciones son pagadas en parte por los consumidores
y en parte por los contribuyentes. Si bien no se ha mencionado ninguna
reducción en el impuesto implícito a los consumidores, sí se ha dicho que
los contribuyentes tendrán que sustentar el aumento de los subsidios. Por
lo tanto, aunque los precios al consumo no aumenten, no hay razones para
pensar que bajarán.
Implicaciones
para los productos básicos
Estados Unidos
es uno de los principales exportadores de trigo. En 2000-2001, vendió más
de 24 millones de toneladas, casi un cuarto del total mundial de las
exportaciones de trigo. Aunque esa cantidad es la más baja en 30 años
-debido a la disminución de la superficie cultivada y del rendimiento por
hectárea-, los subsidios propuestos en la nueva ley agrícola sin duda
aumentarán la producción, y por tanto el excedente exportable. Eso
deprimirá más los precios internacionales del trigo y acabarán con las
exportaciones de aquellos países que no puedan subsidiar a sus productores.
En cuanto al
arroz, Estados Unidos representa 12 por ciento de las exportaciones
mundiales, un porcentaje lo suficientemente importante para afectar los
precios internacionales. En 2001-2002, exportó 2,8 millones de toneladas de
arroz, 50.000 toneladas más que el año anterior.
También se
prevé que la producción estadounidense de maíz aumente en 11 millones de
toneladas en el período 2002-2003, porque los cultivadores de ese producto
serán unos de los principales beneficiarios de la nueva ley agrícola. Las
exportaciones de maíz en 2001-2002 sumaron 49 millones de toneladas, y se
espera que aumente en 4,5 millones de toneladas en el curso de este año.
Mientras, las
exportaciones de grano grueso llegarán a 99 millones de toneladas este año,
con lo que Estados Unidos tendrá 60 por ciento del mercado mundial. Además,
tiene 47 por ciento de las exportaciones mundiales de soja, o 27,8 millones
de toneladas de un total de 59 millones.
Finalmente,
Estados Unidos produce cerca de 20 por ciento del algodón mundial, y en
2001-2002 exportó 11 millones de fardos (de 216 kilogramos cada uno),
frente a un total mundial de exportaciones de 29,3 millones. Si bien la
caída de la producción doméstica puede impedir que el país aumente sus
exportaciones de algodón de inmediato, es seguro que los precios
internacionales del producto bajarán frente a cualquier incremento futuro
del excedente de exportación en base a los subsidios, porque Estados Unidos
es un actor clave en el mercado mundial del algodón.
Resulta
evidente que, en todos los cultivos que recibieron un aumento de los
subsidios en virtud de la nueva ley agrícola, Estados Unidos tiene una
porción importante de las exportaciones mundiales. Por lo tanto, cualquier
cambio en la producción y en los excedentes de exportación de esos
productos afectará su disponibilidad y por consiguiente sus precios en el
mercado internacional.
En su campaña
presidencial, Bush dijo que un enfoque más orientado al mercado era la
mejor manera de asegurar un sector agrícola fuerte y próspero a largo
plazo. Sin embargo, el aumento de los subsidios es contrario a tal
optimismo de mercado. Australia ya acusó a Estados Unidos de violar normas
de la OMC. El ministro australiano de Agricultura, Warren Truss, afirmó que
Estados Unidos retomó los peores excesos proteccionistas de la década de
1980 y llamó a la Ley Agrícola 2002 "un acto de terrorismo"
contra los productores australianos.
Por otra parte,
la ley encontró un tibio apoyo en aquellos países asiáticos que importan
alimentos. Australia y Estados Unidos son fuertes rivales en la exportación
de trigo y algodón a mercados asiáticos, y países importadores como Corea
del Sur esperan que los precios de los productos estadounidenses caigan
debido a los subsidios. Intermediarios de Filipinas también esperan una
reducción en los precios del trigo, el maíz y la soja.
Aunque los
países industrializados destacaron insistentemente las ventajas que los
países en desarrollo obtendrían en el sector agrícola una vez que aquéllos
eliminaran los subsidios, con el fin de estimularlos a incorporarse a la
OMC, lo cierto es que las naciones ricas encontraron nuevas formas de
aumentar sus subvenciones agrícolas, ignorando o pasando por alto las
normas de la organización multilateral. Ahora que el Grupo Cairns de
exportadores agrícolas se alzó en protesta contra la nueva Ley Agrícola de
Estados Unidos, es hora de que el Sur en desarrollo forme un frente común
contra esas flagrantes violaciones de las normas de la OMC y exija que los
países ricos las respeten. De lo contrario, el régimen inherentemente
injusto de la OMC perjudicará todavía más a sus economías, en especial si
la nueva ley de Estados Unidos estimula a otros países industrializados a
seguir su ejemplo y aumentar los subsidios agrícolas.
---------
Joseph
Stiglitz, profesor de Economía de la Universidad de Columbia, fue
presidente del Consejo de Asesores Económicos de Bill Clinton (1993-2001) y
economista jefe y vicepresidente del Banco Mundial. En 2001, recibió el
Premio Nobel de Economía.
Este artículo
fue tomado del sitio web de International Development Economics Associates
(IDEAs, www.networkideas.org), una red de economistas heterodoxos que
enseñan, investigan y aplican análisis críticos del desarrollo económico.
© International
Development Economics Associates 2002.
|