JORGE ENRIQUE ROBLEDO CASTILLO
El pésimo ejemplo mexicano
En días pasados, en la televisión mexicana, un analista decía que los
pobres llegaban a 75 millones, en tanto un vocero del gobierno afirmaba que no,
que apenas eran 53 millones (!). Pero sea cual fuere el inmenso número, es
indiscutible que en el país que los neoliberales criollos presentan como el
ejemplo de lo que Colombia lograría con el ALCA, la pobreza y la miseria
campean, según lo evidencian las legiones de vendedores ambulantes que cubren
como un tapiz los andenes de las ciudades, los campesinos e indígenas famélicos
y descalzos que no es extraño ver deambular por las calles a la caza de una
limosna, las muchas barriadas sin servicios públicos y conformadas por
cambuches que se encuentran con frecuencia, los miles y miles que arriesgan sus
vidas para irse a trabajar como ilegales, convertidos en siervos, a Estados
Unidos y las permanentes protestas de los más variados sectores sociales que
marchan por las vías y se plantan en las plazas.
El descontento con lo que ocurre también quedó en evidencia con la
enorme abstención que hubo en las recientes elecciones legislativas y con la
notable derrota sufrida en ellas por el PAN, el partido de Vicente Fox, antiguo
directivo de Cocacola que funge como presidente de los mexicanos y quien, por
lo que ha hecho, probó ser un fiel heredero de los tristemente célebres
dinosaurios políticos del PRI, los creadores de la llamada "dictadura
perfecta" que le dieron inicio a la implantación del neoliberalismo en
México.
En cuánto ridículo cae Guillermo Perry, ex ministro de hacienda de
Samper, quien anda por ahí, proyector en mano, adiestrando grupitos para que
repitan el cuento de que el tratado de libre comercio -el Nafta-, firmado entre
Estados Unidos, Canadá y México en 1994, es la "prueba" de que el
neoliberalismo sí contribuye con el progreso de los países sometidos a la
globalización imperial. Y con cuánta desfachatez actúan el conferencista, hoy
alto funcionario del Banco Mundial, y quienes, asociados con él, repiten sus
actos de prestidigitación analítica.
¿Cómo explicarse que un país dotado de recursos naturales enormes y con
100 millones de habitantes inteligentes y laboriosos padezca por tan lamentable
situación? ¿Y por qué si ha cumplido al pie de la letra el recetario del Fondo
Monetario Internacional, hasta el punto de exportar 180 mil millones de dólares
anuales, deber en el exterior 144 mil millones de dólares y haber recibido
inversiones extranjeras por 53 mil millones de dólares en solo los tres últimos
años? ¿No promete la secta aperturista y privatizadora que el que exporte
mucho, se endeude bastante y reciba harta inversión foránea llegará al cielo?
La crisis económica y social mexicana -que por lo permanente se
profundiza cada vez más y que podría estallar- se inició en 1982, año en el que
su muy corrupta y antidemocrática oligarquía decidió convertirse en instrumento
del proceso neoliberal de recolonización de México por parte de Estados Unidos.
Como en Colombia, allí el neoliberalismo condujo a que las importaciones
arruinaran el agro y a los sectores no monopolistas de la industria y le
transfirió la propiedad de muchos monopolios mexicanos, privados y estatales, a
los inversionistas extranjeros, a quienes también les entregó la banca, con lo
que el ahorro nacional se puso el servicio de las multinacionales foráneas y de
la especulación financiera. Y las tan cacareadas industrias maquiladoras
mexicanas, que se presentan como la panacea, no pasan de ser factorías de
propiedad de las transnacionales que importan productos ya elaborados por sus
casas matrices, para luego reexportarlos, con muy poca transformación, con
escaso valor agregado mexicano, principalmente a Estados Unidos. Aurelio
Suárez, en su libro "Crítica al ALCA, la recolonización", señala que
el 97 por ciento de los insumos que emplean esas maquilas son importados, a lo
que se le agrega que el salario que les pagan esos modernos negreros a los
obreros es tan bajo que apenas iguala al mínimo colombiano.
Y que nadie dude que, por las enormes diferencias en las distancias con
respecto a Estados Unidos y por su mercado interno menor, Colombia solo podrá
competir con México en la atracción al capital extranjero si le ofrece
empresarios nacionales dispuestos a subcontratar con las transnacionales a
cambio de bajísimas rentabilidades, materias primas más baratas, impuestos
menores, mano de obra peor paga y mayor injerencia política en los asuntos
internos de la nación, es decir, un país con ninguna posibilidad de progresar,
por lo menos para la casi totalidad de su población.