“Entre el roble y la encina”: EL sector avícola colombiano y el ALCA

Aurelio Suárez Montoya


Aunque falta un trecho para llegar a la hora de nona en la definición del Acuerdo de Libre Comercio para las Américas, ALCA, en especial porque el movimiento social en el continente apenas comienza la resistencia y a coordinar las acciones para plasmarla, hay casos que dan ideas más precisas sobre las consecuencias que en las ramas de la producción nacional, dicho acuerdo acarreará. Una es la industria avícola, cuya vulnerabilidad natural, derivada de factores técnicos, de consumo, de materias primas y de la tasa de cambio, se incrementa notoriamente

Esa industria, que cobija  productores tecnificados y tradicionales, incorpora casi todas las regiones del país, la Central, los Santanderes, el Eje Cafetero y la Costa Atlántica y contempla la producción de carne de pollo, de huevos, de gallinas,  de reproductoras y de algunos subproductos como la gallinaza. Es un gran generador de empleo; por ejemplo en Santander, donde está ubicada cerca del 20%, se demandan más de 30.000 puestos. Un estudio reciente sobre las cuentas de producción y generación del ingreso de esa industria, publicado por FENAVI – DANE (Vega A., Suárez R. y Gómez), establece que el excedente de explotación para todos los productores, y combinando los resultados para todos los productos, es de 28,56%; es decir, de cada 100 pesos de ingreso al productor le quedan cerca de 29.

Ese estudio establece que, en la estructura de costos para la producción de carne de pollo, el alimento, el cual en su gran mayoría  es importado, es el 75%. En ese sentido, 2002 no ha sido el mejor año. Por una combinación de la devaluación y las alzas de las cotizaciones internacionales del maíz, del fríjol soja y de la torta de soja, el precio por tonelada del primero subió en pocos meses de $340.000 pesos a $ 390.000, el segundo que valía en abril $ 640.000 por tonelada alcanzó hace poco un precio de $ 750.000 y en la torta el incremento se ha sentido al subir en el mercado internacional de 315 a 335 dólares la tonelada. La alta dependencia externa de los avicultores se refleja también en que la base genética es producida en otros países como Estados Unidos. Aquí se incuban, reproducen y combinan las “ estirpes importadas”. Y esa base es la que regula los rendimientos básicos: el número de días de engorde, el número de huevos por ponedora y otros. Al final, todo se reduce, según los indicadores mundiales más adelantados, en el número de libras de alimento iguales en valor a una docena de huevos o a una libra de pollo y el objetivo es que esa cifra sea cada vez más grande, pero tal como van las cosas en Colombia parece que marchamos en sentido contrario.  

Las cuentas nacionales avícolas con respecto al comercio exterior ya son preocupantes. Entre 1999 y 2002 (mayo) las importaciones superaron a las exportaciones en casi 100 millones de dólares, siendo casi la mitad de las compras lo que llaman “preparaciones de pollo”, una forma de traer la carne burlando el impuesto arancelario para “trozos de pollo” que hoy en el país es superior al 100% y es de lo poco que queda protegido. Al final, como funciona hoy la avicultura local, el valor del peso frente al dólar parece ser determinante para su supervivencia.

Y eso es grave y con el ALCA será peor. No por la fortaleza en el caso gringo que produce 7.000 millones de docenas de huevos, en tanto Colombia 48, o 38.000 millones de libras de pollo, en tanto Colombia mucho menos, sino porque basta con reducir el arancel en sólo un 30% de lo que ahora está fijado para que  las acucias, con el esquema vigente y sin que nada más se alterara, sean inmensas. Los perniles en Norteamérica se consideran desechos y su realización a cualquier precio será ganancia para quienes los exporten hacia Colombia y el resto de naciones del ALCA.  Y hay agravantes como la pérdida de capacidad de negociación y competencia. Según Peter Rosset, las políticas agrícolas de los Estados Unidos de los últimos treinta años han llevado al monopolio y en el presente dos firmas, Cargill y Archer Daniels Midland (ADM), controlan más de la mitad del comercio mundial de granos y, en el caso de las aves, la fusión de Tyson Foods con la refrigeradora IBP ha creado una plataforma exportadora buscando por doquier producto más barato que pueda colocar al consumidor final con las mayores ganancias.

Los gremios piensan que los retos del ALCA se sortearán con estrategias de organización  o de tecnología. Lo aquí visto para la avicultura muestra que se requiere mucho más. En primer lugar, jugarse la suerte a que el mercado pueda conservarse gracias a los “bajos precios” de los alimentos-insumos importados ya está agotado, no genera el margen para subsistir. En segundo lugar, todos los demás factores juegan a la inversa en el ALCA y, sobre todo, la tasa de cambio, que dependerá de los flujos de capital especulativo. El sector debe entender que ha de recurrir a las expresiones sociales, como lo hacen los europeos, que pugnen por cambiar el esquema que hoy rige la política agropecuaria del país, empezando por una línea de Estado en torno a la soberanía alimentaria, defendiendo que la agricultura y las actividades pecuarias no se incluyan en acuerdos comerciales y se desarrollen con base en el interés nacional conjunto. De lo contrario, seguirá girando en torno a la dubitación, “ahorcarse en el roble o en la encina”, entre el arancel cero para los insumos alimentarios o el arancel cero para los “trozos de pollo”.      

Noviembre 25 de 2002