Las propuestas de Segundo Rojas y otros temas del LXII Congreso Cafetero.

 

 

Segundo Salvador Rojas es miembro del Comité municipal de Cafeteros de La Celia en  Risaralda. Es un caficultor de toda la vida y veterano dirigente de Unidad Cafetera. Con motivo del LXII Congreso Cafetero que se cumple en Bogotá me envió una nota en la cual consigna una serie de propuestas a ese evento, como uno más de los 550.000 colombianos que todavía contienden por sostener la principal industria agrícola de Colombia. Es  minifundista de la vereda Diamante- Caimal, la última de este departamento en los límites con el Valle del Cauca, fiel exponente de los campesinos que Rudolf Hommes calificó de “pechugones” cuando era ministro de Hacienda en 1.994.

          Tal calificativo le cae porque Segundo Rojas, contrario al muy reputado pensamiento  neoliberal, cree que el gobierno no debe abandonar al gremio cafetero. “ Que los incentivos y subsidios que se hagan al café, sean anexados al precio, ya que de esta forma, sí llegan a manos de los cafeteros”, apunta en su propuesta número 11. Así mismo, se atreve a oponerse a las sacrosantas leyes del mercado y pide que “ que el precio oficial sea superior al de las compras particulares, puesto que la Federación exige calidad” y también hace justos reclamos como que “ los Estatutos sean transparentes y claros, para que no sean usados como mesa de juego”.

          Cuando se escucha la posición presidencial de Alvaro Uribe frente a solicitudes como las de Segundo Rojas se encuentran grandes distancias. No parece que en “el corazón grande” hubiera cabida para los cafeteros. Los principales anuncios oficiales son muy distintos a lo que centenares de miles de ellos esperaban. En lugar de aumentar o siquiera mantenerse el apoyo presupuestal al café, se recortará con creces. La misma Comisión de Ajuste Institucional, de la que hizo parte Gabriel Silva, actual gerente de la Federación,  estimó el costo de la política Cafetera para el año 2003 en la suma de $384.357millones de pesos, con un apoyo del gobierno de $153.786 millones. Lo avisado es que los recursos gubernamentales serán apenas un tercio de lo indicado. Pero hay más: a los productores se les sacará una “buena tajada” en la Reforma Tributaria presentada al Congreso que establece el impuesto de contribución cafetera como el 5% del precio internacional y teniendo como tope máximo 6 centavos de dólar por libra de grano verde. Un hecho insólito: un gremio que está en la peor situación es gravado con este porcentaje de su ingreso bruto el cual,  en el punto máximo, significaría casi $4.500 por arroba de café pergamino. Ciertos cálculos ubican el monto total que se extraerá a los caficultores en 2003 en más de $250.000 millones por este concepto, en tanto el Estado configura su desaparición definitiva del escenario de crisis.

          Los delegados al Congreso deben concentrarse en asegurar que eso no suceda, ni siquiera por “los cantos de sirena” venidos de las preocupaciones del Senado y de la Cámara de Representantes norteamericanos por la pobreza en los países productores o de las cuentas alegres sobre  bajas cosechas externas, algo en lo cual se debe ser muy precavido según decía Arturo Gómez Jaramillo. Nada ha de servir de coreografía al acto de hacer mutis que Uribe,  Junguito y demás están montando. Y no debe olvidarse que fue precisamente Roberto Junguito, oficiando como ministro de Hacienda de Betancur en 1.986, quien dispuso de la tercera parte de los dineros de la bonanza de esa época  para las arcas estatales. Hoy es más cicatero  por la política fiscal del FMI, la que acata sin rezongar.

          Pese a la propaganda de Uribe todo el mundo sabe que está violando sus promesas de candidato con los cafeteros y que - con la ausencia oficial y el cúmulo de nuevos impuestos al sector- no podrán financiarse ni las mejoras técnicas de la instalación productiva ni el endeudamiento de los cafeteros ni se tendrá  la asistencia técnica ni los demás “bienes públicos”, como los denominan, ni mucho menos cuando el crédito se hará dentro de lo que se ha destinado para las llamadas PYMES con las que habrá que competir para obtenerlo.

          Algunos analistas defienden las alcabalas  para los cafeteros para evitar que el Fondo Nacional del Café se endeude más, aunque no es menos cierto que su recaudo tendrá, de hecho, el destino de servir las deudas ya contratadas mientras el Estado mira indiferente. Sin embargo, esta última sí no parece ser la actitud frente a las supuestas siembras de cultivos ilícitos en la zona cafetera. ¡ Glifosato! Es la fórmula escogida así se haga daño a la población y a los cultivos circundantes que permanezcan en la rubiácea. La orden gringa se extenderá de la Orinoquia y la Amazonia al interior del país, aunque se traduzca en nuevos perjuicios a la caficultura abandonada, con menores transferencias estatales, cargada con insoportables tributos y amenazada enormemente, como el resto del agro, con el ALCA.